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El dilema del airbag para moto: ¿cuál elijo?

27 Ene. 20 | 16:00
Imagen publicitaria del sistema D-Air de Dainese
Imagen: Dainese
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Ibon Arbaiza Autor
«Si hubiera tenido que enfrentarme en la pista a los mismos obstáculos que tú en la carretera, probablemente estaría muerto.» MICK DOOHAN.
Editor de Motosan.es – Life is Racing
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El airbag de moto es el último gadget que pasa de la competición a la moto de calle

La investigación desarrollada en el ámbito de la competición siempre ha traído consigo ventajas que después se han aplicado a las motos de calle. Los frenos anti-bloqueo (ABS) o el control de tracción (TC) llegaron para quedarse, y es cuestión de tiempo que ocurra lo mismo con los airbags de moto. Bien en forma de chalecos, o incorporados en una chaqueta o mono, existen desde hace varios años, pero ahora se están empezando a ver en las tiendas, al comercializarse a unos precios que, por fin, permiten plantearse su adquisición.

Nuestro compañero Rafa Molleja ya te explicó en motosan.es los detalles del funcionamiento de los airbags: un chaleco, incorporado en una chaqueta o de forma independiente, que en su interior contiene una bolsa de aire. En caso de accidente, un mecanismo se dispara y la bolsa se hincha en décimas o milésimas de segundo con el gas a presión contenido en una o dos pequeñas botellitas, convirtiéndose en un rígido caparazón que protege nuestro tronco ante el impacto de una caída o golpe contra el suelo o un obstáculo. Desde el cuello e incluso hasta el coxis, según modelos, las consecuencias del accidente se pueden reducir de forma ostensible, hasta en un 90%.

Dos tecnologías diferentes

Para que un airbag sea efectivo, y además, no resulte un peligro en sí mismo, debe cumplir dos condiciones muy importantes: que se dispare cuando sea necesario, y sólo cuando sea necesario. Si nos hemos bajado de la moto, nos tropezamos con el bordillo de la acera y el airbag se activa, nos quedaremos rígidos como el muñeco de Michelin y pasado el susto nos echaremos unas risas, pero si se dispara abruptamente en medio de una curva, la sensación de bloqueo y agobio instantáneo puede provocar un accidente. Es un asunto crítico, en el que las marcas trabajan concienzudamente para diseñar sistemas fiables.

Cuenta la leyenda (por cierto, falsa) que mientras los americanos desarrollaban un dispositivo que permitiera escribir a los astronautas en un entorno de ingravidez, los soviéticos utilizaban un lápiz. El mercado de airbags presenta dos conceptos: con conexión física a la moto o sin ella. De disparo mecánico o electrónico. Una tan rudimentaria como efectiva, la otra más avanzada, y todas con sus inconvenientes.

El cable versus el ordenador

La tecnología que usan los pilotos de MotoGP en sus airbags funciona con GPS y varios sensores cuyos datos son analizados por un ordenador. Cuando a partir de esa información formada por ceros y unos un algoritmo deduce que ha ocurrido un movimiento brusco incompatible con la conducción normal de una motocicleta, el sistema supone que se va a producir una caída, y el airbag se dispara.

Los airbags con correa fijada al chasis de la moto son tan efectivos y fiables como los anteriores, pero pierden todo el glamour digital. Cuando se produce la pérdida del control de la moto, esta y el piloto se separan bruscamente, y la fuerza del tirón hace que la correa detone el mecanismo de hinchado.

¿Cuál es mejor? Relación calidad-precio.

La pregunta del millón. Hay varias cuestiones a responder, en base a nuestro presupuesto, gustos, manías, costumbres y utilización de nuestra moto.

Evidentemente, los airbags electrónicos tienen un coste de adquisición más alto que los de correa. Además, requieren un gasto adicional de mantenimiento, pues algunas marcas recomiendan que sean revisados cada varios años, debiendo ser enviados al fabricante, y por supuesto, también cuando hayan entrado en acción. Un dinero bien empleado pero del que hay que disponer.

Por su parte, los airbags de correa, aparte de costar varios cientos de euros menos, no requieren un mantenimiento tan exhaustivo, y de hecho, después de activarse, no es necesario enviarlos al fabricante. Basta con reponer la botella de CO2. Si has visto algún vídeo de demostración del funcionamiento de un airbag, probablemente era uno de este tipo. Un compañero tira de la correa con fuerza y al otro se le salen los ojos de las órbitas de la sensación. El coste de cada prueba asciende al de la botella de recambio.

Claro, os estaréis preguntando si es tan seguro un airbag revisado por el propio fabricante como otro en el que uno mismo recarga el gas después de una caída. Lamentablemente, no nos constan crash-tests comparativos que lo corroboren, pero puedo decirte que un airbag de correa de un compañero, después de servir de demostración un montón de veces, fue efectivo en un accidente real.

Imagen promocional de airbag Helite
Imagen: Helite

Autonomía, comodidad y uso

Como cualquier aparato que tenga una batería, el tiempo de uso está limitado. Hay que dar de comer al ordenador, a los giroscopios, acelerómetros y al GPS. Los modelos actuales tienen una autonomía de hasta 24-26 horas en condiciones ideales. El precio a pagar por la comodidad de los sistemas sin conexión fisica a la moto es la molestia de tener que cargarlos periódicamente. Enfrente, el engorro de buscar un lugar fijo al chasis de la moto donde atar la correa del airbag una y otra vez, siempre, cuando nos subamos a la moto, y soltarla cada vez que nos bajemos de ella.

En mi opinión, la clave del éxito de unos y otros sistemas está en la comodidad y el uso de la moto. Ya sabes que la DGT tiene los ojos puestos en el airbag como la gran esperanza para reducir la accidentalidad entre motoristas. Ya han empezado a promocionarlo, y no estaría mal que le dieran otro empujoncito tocando la puerta del Ministerio de Hacienda para reducir su IVA al mínimo, por ejemplo.

Mientras tanto, la Guardia Civil de Tráfico ya ha reclamado que se equipe a sus agentes con el airbag, y así se hará. Sería difícil de entender que la DGT nos anime a invertir en este dispositivo de seguridad y no atienda a sus propios motoristas, por lo que la doy por hecha. Será interesante ver qué modelos escoge para ellos, si opta por el cable o por el no va más de la tecnología. Para un agente policial, en determinadas circunstancias, actuaciones o emergencias, el tener que soltarse manualmente de la moto puede ser un serio problema, por lo que tienen encima de la mesa una decisión complicada.

Y es que el airbag de correa no es para todos. Para un mensajero o un repartidor de Correos, por ejemplo, que andan continuamente por la ciudad subiéndose y bajándose de la moto, puede ser una herramienta que quede sin activar en algunas ocasiones.

¿Hacia dónde va la tecnología del airbag?

Nos hemos acostumbrado a cargar el móvil todas las noches, cuando aquel viejo Nokia aguantaba toda la semana sin quejarse. En mi opinión, la tecnología debe buscar este camino. Evitar la activación mecánica (el cable), y que cargar las baterías sea algo excepcional. Cuando me subo a mi moto el ritual de prepararse es cada vez más largo. Si además de ajustarnos bien el casco, la chaqueta y los guantes, debemos ponernos el chaleco airbag y engancharlo al chasis, corremos el riesgo de dejarlo en casa, especialmente para trayectos cortos.

Algunas marcas ya están explorando la vía de eliminar la correa pero aumentando la autonomía de los sistemas, siempre con el objetivo de evitar falsos positivos, que el airbag se active únicamente cuando sea necesario.

Será interesante ver qué ocurre en los próximos meses. A todo compañero que conozco que tiene un airbag, habla maravillas del suyo y encuentra pegas a los demás. Yo quiero hacerme con uno, pero ahora mismo soy un mar de dudas.

¿Y tú? ¿Qué airbag te comprarías?

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