
El piloto andaluz analiza su salto a Moto2 tras conquistar Moto3 y mantiene intacta su filosofía de trabajo, familia y progresión sin prisas.
José Antonio Rueda afronta una nueva etapa en el Mundial de motociclismo tras su salto a Moto2, en un contexto muy particular: llega como vigente campeón del mundo de Moto3, después de estrenarse en la categoría intermedia sumando sus primeros puntos en Austin, en apenas su tercera carrera. En plena cita del Gran Premio de España en Jerez, el piloto andaluz repasa con Estrella Galicia 0,0 su trayectoria con una mezcla de naturalidad, raíces muy marcadas y una visión de futuro construida sin prisas.
El piloto recuerda su origen con una claridad muy ligada a lo sensorial y a lo cotidiano. El piloto sevillano explica que su primer contacto con el motociclismo nace en su propio entorno familiar y rural. “Tuve una infancia muy tranquila porque donde vivo [en Los Chapatales, un núcleo de población perteneciente al municipio de Los Palacios y Villafranca en Sevilla] somos unos 300 habitantes. Mi padre tenía una moto de velocidad y cuando la arrancaba, yo siempre me ponía detrás, me gustaba el olor a gasolina”, relata.
El salto de la curiosidad a la ambición deportiva llega en su primer contacto con una pista y otras motos más rápidas. Rueda lo explica de forma muy directa: “Un día fuimos a probarla ‘oficialmente’ a un circuito… tenía tres años… vinieron otros chicos con motos de gasolina y me pegaron tal pasada que pensé: ‘yo quiero ir con una de esas’”, asegura. A partir de ahí, según relata, su decisión fue clara: cambiar de moto y empezar un camino formativo más serio dentro del motociclismo.
El salto con Estrella Galicia 0,0
Su entrada en el programa de formación de Estrella Galicia 0,0 y Monlau Competición marca un antes y un después en su carrera. Rueda recuerda con precisión aquel momento en MotorLand: “Recuerdo perfectamente estar en MotorLand Aragón cuando mi padre me dio la noticia. Nos fuimos solos a una parte alejada del paddock, me contó que se iban a formar equipos y que me querían”, explica.
El piloto añade que la decisión fue inmediata, ya que siempre había sentido una fuerte conexión con el proyecto: “A mí siempre me habían encantado las motos pintadas de Estrella Galicia 0,0… así que acepté sin pensarlo”.
La familia como estructura clave
Rueda insiste en el papel fundamental de su entorno familiar durante toda su trayectoria deportiva. Procede de una familia numerosa y reconoce que sin ese apoyo no habría sido posible su camino. “Somos cinco hermanos… siempre me han apoyado, siempre han estado ahí, dándome todo lo que pudiera necesitar”, afirma.
Además, destaca que la relación con su familia no es solo emocional, sino también funcional dentro de su carrera actual, ya que su hermano mayor forma parte activa de su entorno profesional. “Gustavo, el mayor, es mi fotógrafo, también me lleva las redes y la verdad es que lo está haciendo muy bien”, detalla.
El campeón del mundo que no siente que haya cambiado
A pesar de haberse proclamado campeón del mundo de Moto3, Rueda asegura que su vida diaria sigue siendo prácticamente la misma. “Sinceramente, no. Creo que sigo siendo la misma persona, nada ha cambiado mucho desde entonces en Los Chapatales”, señala. Incluso lo resume con humor: “aunque sea campeón del mundo, si no recojo mi cuarto ya está mi madre con la chancla…».
La celebración más peculiar: tomates como premio
El título mundial también tuvo un componente muy local en su celebración. Rueda explica una tradición de su pueblo que refleja el vínculo con sus raíces. “Me regalaron mi peso en tomates. En mi pueblo, cuando un deportista hace algo grande, le entregan su peso en tomates”, relata.
El salto a Moto2 supone para él un cambio importante en cuanto a exigencia y adaptación. Rueda es consciente de que el proceso debe ser progresivo. “Es verdad que es una categoría muy difícil en la que todo puede cambiar mucho y que hay que dar pasos firmes para no darlos en falso”, explica.
Y añade una idea clave en su enfoque actual: “Si quieres ir muy rápido, también puedes ir muy rápido para atrás”. Su objetivo inmediato pasa por sumar experiencia y consistencia antes de pensar en resultados más ambiciosos.
Jerez, la carrera más especial
El Gran Premio de España en Jerez ocupa un lugar destacado en su calendario. No solo por el circuito, sino por lo que representa para él como piloto andaluz. “El Gran Premio Estrella Galicia 0,0 de España en Jerez es la mejor carrera del año. Tener la ‘catedral del motociclismo’ en casa, es impresionante”, asegura. Además, recuerda su experiencia previa en el trazado con especial emoción: “el año pasado conseguí ganar y fue súper especial para mí”.
Rueda cierra su visión sobre el motociclismo con una filosofía basada en el esfuerzo constante y la preparación. “Hay que darlo todo y trabajar duro porque los sueños se hacen realidad. Cuando llegan las oportunidades, hay que estar preparado”, concluye.
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