
Aleix Espargaró: el líder que cambió fábricas y dejó huella más allá de los títulos
En un campeonato donde casi todo se mide en victorias y coronas mundiales, Aleix Espargaró ha construido su legado por otro camino. No figura entre los campeones de la categoría reina, pero su impacto en el paddock ha sido profundo. “He sido un deportista que ha sacado su mejor versión en los momentos más complicados. Cuando he tenido el camino más plácido, no he sido capaz de rematarlo”, reconoce en una entrevista para Mundo Deportivo.
Su carrera ha estado marcada por los desafíos. Debutó en el Mundial en 2004 y en 2009 se quedó sin sitio en la parrilla. Fue entonces cuando su hermano, Pol Espargaró, le tendió la mano para acompañarle a los circuitos. No era el papel que soñaba, pero no se rindió. Esperó su oportunidad y la aprovechó.
En 2015 dio el salto como piloto oficial a Suzuki, en el regreso del fabricante japonés al Mundial. “Uno de los mejores momentos de mi carrera fue el test de Valencia tras el GP de 2014. Por primera vez me subía a una moto oficial. Está en mi top-3 de recuerdos”. Aquella etapa sentó las bases de lo que sería su sello: trabajo en equipo y capacidad de desarrollo, formando un tándem sólido con Maverick Viñales.
El golpe más duro y la decisión que parecía un suicidio
La salida de Suzuki para 2017 fue un golpe personal. “Lo pasé muy mal. Recuerdo llorar mucho cuando me lo comunicaron”. Poco después llegó la llamada de Aprilia. El contexto no invitaba al optimismo: la moto era la peor de la parrilla y los resultados eran inexistentes. “Fue un suicidio deportivo. No funcionaba nada y pensé que podía ser el fin de mi carrera”. 2018 fue una pesadilla. Caídas, frustración y dudas constantes. “Me planteé muy seriamente la retirada. No era feliz”. El apoyo de su entorno, especialmente de su mujer Laura, fue clave para resistir.
De la pesadilla al sueño: Argentina 2022
El punto de inflexión llegó con la llegada de Massimo Rivola y, sobre todo, con la evolución técnica de 2020. “Me bajé de la moto en Malasia y dije al equipo: esto es de otro nivel”. Aprilia empezaba a dar pasos firmes.
En 2022 llegó la recompensa en Argentina: pole y primera victoria en MotoGP. “Fue como quitarme mil kilos de encima. No por demostrar nada a nadie, sino por orgullo personal”. Aquel triunfo simbolizaba años de trabajo silencioso, de domingos duros y de fe en un proyecto que muchos daban por perdido.
En Aprilia le llamaban “Il Capitano”. Liderar iba más allá de rodar rápido. “Para mí era la mejor moto, aunque no lo fuera. Mis ingenieros eran los mejores y yo era el mejor piloto para ese proyecto”. Esa convicción contagiosa fue una de las claves del crecimiento de la fábrica italiana.
El nuevo desafío: reconstruir Honda
Tras cerrar su etapa en Aprilia, Espargaró aceptó un nuevo reto: ayudar a levantar a Honda en uno de los momentos más delicados de su historia reciente. “Necesitaba un proyecto nuevo en el que liderar y hacer cambios. Honda estaba muy perdida. Poder llegar, ordenar y ver que los resultados van llegando es algo que te hace muy feliz”.
Su experiencia en fábricas japonesas e italianas le permite comparar culturas. Los japoneses, más cautelosos y estructurados; los europeos, más emocionales y rápidos en la toma de decisiones. En la mezcla actual ve una oportunidad estratégica en un MotoGP cada vez más técnico.
Con el horizonte de 2027 —nuevo reglamento, cambios en cilindrada, aerodinámica y dispositivos— su perfil cobra aún más valor. “Desde que me ficharon hablaban mucho de 2027, pero primero había que devolver la competitividad a la 1.000cc. Necesitamos credibilidad”. Para un piloto desarrollador, cada cambio normativo es una oportunidad.
Más que resultados, un legado humano
Si tuviera que definirse en una palabra, lo tiene claro: liderazgo. “No soy el más talentoso ni el más paciente, pero me esfuerzo mucho y veo el trabajo como algo innegociable”. En un campeonato obsesionado con el talento puro, Espargaró ha demostrado que la constancia y la sensibilidad técnica pueden cambiar el rumbo de una fábrica.
Cuando piensa en el futuro y en cómo le gustaría ser recordado, no menciona cifras ni estadísticas. “Me gustaría que me recordaran con cariño”. En los boxes de Aspar, Forward, Suzuki o Aprilia dejó algo más que resultados: dejó respeto. Porque hay pilotos que ganan títulos. Y hay pilotos que transforman proyectos. Aleix Espargaró, sin necesidad de coronas mundiales, ya ha asegurado su lugar en la historia reciente de MotoGP.
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