
El piloto analizó con naturalidad cómo se pilota una MotoGP y desveló manías, dificultades y claves técnicas
La complejidad de pilotar una MotoGP suele quedar diluida tras la velocidad y las cámaras on board, pero Álex Márquez ha aportado una visión mucho más cercana y reveladora en el canal de YouTube de Nico Abad. El piloto del Gresini Racing participó en un vídeo del periodista en el que desmenuzó detalles técnicos, hábitos adquiridos con la experiencia y matices que no suelen verse en televisión.
La conversación comenzó con una de las manías más visibles del catalán en la parrilla de salida: ese gesto de incorporarse y agacharse justo antes de que el semáforo se apague. Márquez lo explicó con naturalidad: “Es una manía mía. Para mí es como activarme. Estoy relajado y cuando se enciende el semáforo me concentro”. El propio piloto añadió que no busca una cuestión técnica, aunque reconoce que ese movimiento acaba ayudando a cargar algo más de peso en la parte delantera para controlar la rueda. Lo hace por costumbre, porque “si me pongo ahí abajo diez segundos antes, ¿para qué? Me espero al final y lo hago”.
A partir de ahí, la charla fue entrando en materia para explicar cómo se pilota una MotoGP desde el punto de vista de un piloto en plena madurez deportiva. Márquez utilizó una comparación sencilla para que cualquier usuario de una moto de calle pueda entender la transición: “Cuando te compras una Panigale no serás capaz de cambiar el freno motor o ajustar ciertas cosas en marcha. Con el tiempo te sale automático. En MotoGP es lo mismo, pero todo más rápido”. La gestión de mapas, el uso del device o la activación de cada sistema exige tiempo, memoria muscular y repetición. En sus palabras, cuando un piloto llega desde Moto2 se encuentra con una avalancha de operaciones que no puede automatizar desde el primer día, especialmente en circuitos estrechos como Valencia.
Uno de los puntos más interesantes llegó cuando habló de la frenada, un arte que desde fuera parece instintivo y violento, pero que para un piloto de élite es un equilibrio muy delicado. Márquez lo resumió así: “Cuesta entenderlo, pero muchas veces frenar fuerte de golpe es peor. Pierdes la rueda trasera y el freno motor no te ayuda a parar la moto”. Según explicó, cuanto más suave es el primer toque, más capacidad de frenada se consigue después, un concepto que contrasta con el instinto natural del cuerpo humano a más de 300 km/h. Además detalló que ahora los pilotos desplazan el cuerpo muy atrás, incluso con las piernas fuera, algo que también influye en la aerodinámica durante la frenada.
La charla también dejó espacio para reconocer aprendizajes personales. Márquez contó cómo tuvo que corregir un hábito heredado de sus primeras categorías: “De pequeño frenaba usando el embrague, y sin querer hacía esto con el freno también. La suspensión hacía botitos y no frenaba como debía”. Ese tipo de correcciones forman parte del proceso de adaptación que incluso un bicampeón del mundo debe trabajar cuando llega a MotoGP.
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