
El oscuro reverso de un paraíso del motor: la colección de motos incautada a Ryan Wedding
Durante años, el nombre de Ryan Wedding estuvo asociado al deporte de élite. Canadiense, atleta olímpico, representante de su país en snowboard alpino en los Juegos de Salt Lake City 2002. Nada hacía pensar que dos décadas después su nombre aparecería ligado a una de las mayores operaciones contra el narcotráfico internacional… ni que en el centro de esa historia habría un tesoro inesperado para los aficionados al motociclismo.
A finales de 2024, una redada en México destapó una realidad tan espectacular como perturbadora: una colección privada de motocicletas de competición —MotoGP, Superbikes y máquinas históricas— valorada en torno a 40 millones de dólares fue incautada por las autoridades. Según informaciones publicadas por SPEEDWEEK.com y confirmadas posteriormente por medios estadounidenses como NBC News, el propietario de ese “museo secreto” era Wedding, entonces uno de los diez fugitivos más buscados por el FBI.
Un arresto que cierra una larga persecución
El pasado viernes, las autoridades estadounidenses confirmaron finalmente su detención. Wedding estaba acusado de liderar presuntamente un cártel internacional responsable del contrabando de unas 60 toneladas de cocaína anuales hacia Estados Unidos, con beneficios que superarían los mil millones de dólares. La gravedad del caso se incrementó tras el asesinato de un supuesto testigo clave, lo que llevó al Departamento de Estado a ofrecer una recompensa de 15 millones de euros por información que condujera a su captura.
Según la acusación ampliada del FBI, Wedding también habría estado implicado en intentos de asesinato y, en su huida, llegó incluso a someterse a una cirugía facial para evitar ser reconocido. Una historia que parece sacada de una serie, pero que terminó de forma abrupta con su arresto. En los próximos días se espera una comparecencia oficial en la que se darán más detalles sobre la operación.
Un garaje de ensueño… con origen turbio
Más allá del perfil criminal, lo que ha dejado atónito al mundo del motor es el contenido del garaje incautado. Para cualquier aficionado a las carreras, la colección descubierta en México es sencillamente irrepetible. Motos que normalmente solo se ven en museos oficiales o en manos de fábricas y pilotos legendarios.
Entre las joyas destacan varias Ducati de MotoGP, auténticos iconos de la era moderna: la Desmosedici GP20 pilotada por Andrea Dovizioso, la GP18 de Jorge Lorenzo, y dos motos especialmente simbólicas, las GP11 y GP12 de Valentino Rossi. A ellas se suma una Suter de Moto2 utilizada por Marc Márquez antes de su salto a MotoGP.
La colección no se limitaba a la categoría reina. También aparecieron motos históricas que marcaron época, como una Aprilia de 125 cc de Rossi, la mítica Ducati 916 de Carl Fogarty, además de varias máquinas del Mundial de 500 cc, verdaderas reliquias de una era más salvaje del motociclismo.
El contraste: pasión auténtica o trofeo de poder
La pregunta surge de manera inevitable: ¿era Wedding un verdadero apasionado de las motos o la colección era una demostración de estatus, un símbolo de poder construido con dinero ilícito? La variedad, el nivel y el valor de las piezas apuntan a un conocimiento profundo del mundo de la competición. No se trata de compras al azar, sino de motos con historia, con carga simbólica, ligadas a campeones y momentos clave del motociclismo moderno. Ese contraste es lo que hace la historia aún más incómoda. Máquinas creadas para celebrar el talento, la innovación y el deporte, atrapadas ahora en un proceso judicial ligado a violencia, drogas y crimen organizado.
¿Qué pasará con las motos?
Por el momento, el futuro de la colección es incierto. Las motocicletas forman parte de los bienes incautados y quedarán bajo custodia de las autoridades mientras avanza el proceso judicial. No se descarta que, en el futuro, algunas de ellas puedan ser subastadas o destinadas a museos, aunque todo dependerá de las resoluciones legales.
Lo que es seguro es que difícilmente volverán a reunirse todas en un mismo lugar. Ese garaje, que durante años fue un santuario secreto del motociclismo, se ha convertido en la prueba material de una de las historias más surrealistas que ha cruzado deporte y crimen en los últimos tiempos.
El caso Ryan Wedding deja una imagen difícil de borrar: motos que representan la excelencia deportiva, incautadas en una redada antidroga; un exolímpico convertido en fugitivo internacional; y un legado deportivo atrapado en un contexto completamente ajeno a su esencia. Como casi siempre, será la justicia quien escriba el final. Pero para los aficionados al motor, esta historia ya ha quedado marcada como una de las más extrañas, incómodas y fascinantes que se recuerdan.
¿Te SUSCRIBES GRATIS a Motosan.es en la campana 🔔? ¡SIGUE HACIA ABAJO para ver las ÚLTIMAS NOTICIAS!