
Gabarrini revela cómo vivió desde dentro las etapas decisivas junto a Casey Stoner, Jorge Lorenzo y Pecco Bagnaia en MotoGP.
En el podcast Mig Babol, dirigido por Andrea Migno, Cristian Gabarrini repasa una trayectoria única en MotoGP junto a tres campeones del mundo, Casey Stoner, Jorge Lorenzo y Francesco Bagnaia, en la que no solo desvela secretos técnicos y decisiones clave dentro de Ducati y Honda, sino también aspectos humanos que marcaron cada etapa: la sensibilidad instintiva de Stoner, la exigencia y humildad de Lorenzo, y la evolución de Bagnaia como heredero natural de ese método de trabajo.
Cuando en 2007 Casey Stoner aterrizó en el equipo oficial Ducati, las expectativas eran prudentes. Según recuerda Cristian Gabarrini, ingeniero que debutaba como jefe de aquel grupo, el piloto australiano no llegaba para ser la estrella. «El piloto estrella era Loris Capirossi. Casey había sido contratado para no hacer demasiado daño. Si lograba algún podio, estupendo«, explica. Sin embargo, desde el inicio quedó claro que Stoner no era un piloto cualquiera. Procedía del equipo Cecchinello, donde ya había dejado muestras de su velocidad, pero el gran descubrimiento iba a ser otro: su sensibilidad con la moto.
En la segunda prueba de la temporada, Stoner regresó al box asegurando que el motor de su Ducati se estaba rompiendo. Los datos electrónicos contradecían esa percepción y el equipo decidió devolver la moto a pista. El motor, minutos después, terminó fallando exactamente como advertía el australiano. Stoner entonces fue tajante con Gabarrini: «Si te digo que la moto se está rompiendo, significa que la moto se está rompiendo«. Ese episodio se convirtió en un punto de inflexión. Desde entonces, cada comentario o detalle detectado por Stoner en la moto pasó a ser tomado muy en serio.
La dualidad de dos culturas distintas
En 2010 Stoner anunció que se iba a Honda y no quiso hacerlo solo. Reunió a su equipo de confianza y les pidió acompañarle en esa nueva etapa. Cristian Gabarrini, su ingeniero de cabecera, aceptó sin dudarlo, aunque lo que encontró al cruzar la frontera de Ducati hacia HRC fue casi un cambio de planeta. «Honda y Ducati eran dos mundos completamente diferentes«, señala Gabarrini.
Más allá de su dimensión, el choque principal fue cultural. Los ingenieros japoneses tenían una manera de pensar muy diferente a la europea. No lo señala como un defecto, al contrario, considera que hay mucho que aprender de esa visión, más metódica y estructurada. La moto pues, también reflejaba esta mentalidad: «La moto era una obra de arte, todo lo que llegaba era perfecto, funcionaba de manera impecable», apunta Gabarrini. La fiabilidad estaba en el ADN de Honda: tal vez eso no garantizaba ser más rápido de inmediato, pero a diferencia de otras experiencias, nada se rompía. Era, en sus palabras, «un mundo de ensueño«.
Fue en 2012 cuando Casey comunicó oficialmente su retirada, muchos en el paddock lo vivieron como un auténtico terremoto. Sin embargo, para Cristian Gabarrini, ingeniero de confianza del australiano, la noticia llegó sin sorpresa. El australiano ya había dejado entrever sus intenciones años antes tras conseguir el Mundial. «Más o menos en 2007, me dijo: «Mi sueño es ganar un Mundial de MotoGP, una vez lo consiga, estaré satisfecho«. De hecho, a finales de ese año lo repitió: «Estoy muy feliz por vosotros, pero yo ya he hecho lo que tenía que hacer. A partir de ahora, para mí, cada año es uno más».
La experiencia de Gabarrini con Jorge Lorenzo
El adiós de Stoner, sin embargo, abrió para Gabarrini un periodo peculiar dentro de Honda. Marc Márquez llegó al equipo oficial, pero se incorporó con su propio jefe de equipo, Santi Hernández. A Gabarrini, HRC le asignó un rol de ingeniero de apoyo junto a un técnico japonés. La situación no fue fácil de encajar para el italiano: «Fue un año bastante duro, porque no caía bien a ciertas personas del entorno de Marc. Ya sabes, yo era el antiguo jefe de equipo de Stoner, y me veían un poco como un adversario«.
Cristian Gabarrini, ingeniero clave en la trayectoria de Casey Stoner y después también figura de confianza en Ducati, recuerda sus dos temporadas junto a Jorge Lorenzo como una experiencia tan exigente como enriquecedora: «Los dos años con Jorge fueron monstruosamente agotadores e increíblemente bonitos«.
Más allá de los resultados, Gabarrini destaca sobre todo el lado humano del pentacampeón mallorquín, en ocasiones malinterpretado: «Al contrario de lo que la mayoría de la gente piensa, Lorenzo es un loco, pero también un chico maravilloso. Creo que nunca le ha caído bien al público porque no tenía filtros entre lo que pensaba y lo que decía. Siempre ha sido extremadamente sincero, casi siempre decía cosas acertadas, pero si son incómodas, no caes bien«.
Gabarrini recuerda que el primer año junto a Jorge Lorenzo en Ducati fue durísimo: «Jorge tenía muchas dificultades físicas para pilotar nuestra moto. Entrenaba mucho, así que la culpa era nuestra«. Esa adaptación ergonómica se prolongó hasta 2018, cuando una pieza pedida expresamente por Lorenzo para apoyar mejor la pierna exterior cambió su destino: en Mugello, justo al estrenarla, llegó la primera victoria.
Los contrastes de tres campeones
Más allá de lo técnico, destaca otro momento clave: apostaron por una configuración de motor menos potente, contraria a la línea de Ducati. Lorenzo insistió: «¿Confías en mí? Así la moto es más manejable, yo me encargo del resto«. Aquella fe se tradujo en una carrera perfecta y en un principio de lo que hoy permanece integrado en la filosofía de la Ducati actual.
En su balance de los tres campeones del mundo a los que acompañó de cerca, Gabarrini encuentra similitudes y contrastes claros. Lorenzo y Bagnaia, afirma, son muy parecidos: metódicos, analíticos y exigentes con la moto, capaces de alcanzar la máxima velocidad solo cuando esta se adapta a sus necesidades. Lo aprendido con Jorge resultó «oro» para trabajar con Pecco, a quien define como su evolución natural.
En el extremo opuesto se encuentra Casey Stoner, piloto de instinto puro, capaz de rodar al mismo tiempo competitivo con dos motos de ajustes opuestos. Su filosofía era simple: adaptar el pilotaje según la moto, no al revés. Una visión pragmática que lo convirtió en un talento único, tan distinto a sus otros campeones como igualmente efectivo.
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