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Gibernau: «Rossi no necesitaba hacer lo que hacía para ganar»

9 Ene. 26 | 18:30
Yamaha

Sete Gibernau, la rivalidad que dejó cicatriz

Durante años fue uno de los grandes antagonistas de Valentino Rossi, el hombre que se atrevió a discutirle el trono en pleno auge del número 46. Sete Gibernau, subcampeón del mundo en 2003 y 2004, ha roto ahora un silencio que llevaba dos décadas guardado. Lo ha hecho en el podcast Gypsy Tales, con un discurso sereno pero cargado de heridas mal cerradas, poniendo palabras a una rivalidad que, según él, acabó cambiando la forma de correr… y su propia relación con MotoGP.

“Nunca había hablado de todo esto, y quizá era el momento de hacerlo”, admite el piloto español, consciente de que su versión llega tarde, pero con la perspectiva suficiente para entender qué ocurrió y por qué acabó alejándose de las carreras cuando todavía tenía mucho que ofrecer.

Rossi, el límite y la pérdida de fe

Gibernau sitúa el núcleo del problema en la normalización del contacto en pista durante aquellos años, especialmente cuando quien lo protagonizaba era una superestrella como Valentino Rossi. Para Sete, el punto de inflexión fue Jerez 2005, la primera carrera de la temporada, decidida en la última curva. “Sí, me golpeó en la última curva. Terminé fuera de la pista”, recuerda. A pesar de acabar segundo, lo que más le marcó no fue el resultado, sino la ausencia de sanción. “No recibió ningún castigo. Fue entonces cuando empecé a perder la fe en este deporte”.

Aquella carrera fue el reflejo de una dinámica que, según él, se repitió durante varias temporadas. “Siempre fue así. En 2003 Vale y yo, en 2004 Vale y yo, y en 2005 otra vez. Y no podía entender cómo esto no era considerado un deporte de contacto”. Para Gibernau, no se trataba solo de una rivalidad deportiva, sino de un mensaje peligroso que se estaba enviando al paddock.

El ejemplo que lo cambió todo

Con el paso del tiempo, Sete cree que aquellas acciones tuvieron consecuencias que llegaron mucho más lejos. “De alguien como Valentino, que es una superestrella, ¿por qué aceptarlo? Creo que estuvo mal. No tenía por qué hacerlo”, reflexiona. Y va más allá: “Los chicos lo vieron y dijeron: así se hace. Y luego Marc se lo hace a este, y el otro se lo hace al otro, y te matan en las carreras”.

Su crítica no apunta solo a Rossi, sino a un sistema que, a su juicio, aplaudió maniobras que aumentaban el riesgo en un deporte ya de por sí extremo. “No es un deporte de contacto. Ya es lo suficientemente peligroso como para poder decir que puedes golpear a alguien y llamarlo valentía”, insiste. “Si yo fuera un padre mirando la televisión, no querría que mi hijo estuviera en un campeonato así”.

Ducati, el último sueño… y el principio del final

Tras años de batallas con Rossi, Gibernau decidió cambiar de aires y firmó con Ducati para 2006, con la idea de empezar de cero. Él mismo recuerda aquel momento como uno de los más intensos de su carrera. “Reuní a todo el equipo y les dije: ‘Vengo aquí a ganar la primera carrera y el campeonato; eso es lo que quiero’”.

La historia, sin embargo, volvió a torcerse. En Jerez 2006 logró la pole y parecía listo para relanzar su carrera, pero un error mecánico lo cambió todo. “Uno de los mecánicos olvidó apretar un tornillo de la caja de cambios, y en la primera vuelta me caí. Ese día, mentalmente, me retiré de las carreras”.

Desde entonces, aunque siguió compitiendo, algo se había roto por dentro. “Me había esforzado muchísimo para luchar contra mis demonios y contra uno de los mejores pilotos de la historia. Y pensaba: Valentino ni siquiera necesita hacer lo que hace para ganar, y nadie dice nada”.

La retirada que llegó antes de tiempo

Paradójicamente, Ducati estaba construyendo una moto muy competitiva para 2007. Gibernau lo sabía. “Habíamos hecho una moto completamente nueva, creo que era un segundo y medio más rápida que las demás”, explica. Pero su decisión ya estaba tomada. “Habría continuado solo por el dinero, y dije: ‘No, me voy’. Ya estaba retirado mentalmente”.

Ver a Casey Stoner ganar el Mundial con esa Ducati en 2007 fue duro, lo reconoce. Pero no habla desde el arrepentimiento. “Ahora puedo decir que habría hecho las cosas de otra manera. Es un proceso de aprendizaje”. Y cierra con una frase que resume su estado actual: “Estoy feliz, orgulloso y agradecido. Nunca pensé que sería capaz de luchar así contra uno de los tres mejores de la historia”.

Veinte años después, Sete Gibernau no reescribe la historia, pero sí la completa. Y su testimonio deja claro que algunas rivalidades no solo se deciden en la pista, sino también en la conciencia de quienes las viven.

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