
Jorge Lorenzo vuelve al paddock: “He entendido que puedo ser feliz enseñando”
Durante años se pensó que Jorge Lorenzo había cerrado definitivamente su capítulo con MotoGP. Vida tranquila en Dubái, negocios, familia y distancia del ruido del paddock. Pero el mallorquín ha vuelto. No como piloto, sino como mentor. Y lo hace convencido de algo que ha descubierto lejos de los focos: la felicidad no depende del ritmo de vida, sino del propósito.
En su conversación en el canal ZAMTUBE, Lorenzo habló con naturalidad sobre su nueva etapa junto a Maverick Viñales, su visión del mercado y el futuro incierto de 2027. Y dejó claro que su regreso no es nostalgia, sino vocación.
“He descubierto que me gusta enseñar”
El propio entrevistador reconocía entre risas que se había equivocado con Lorenzo durante toda su carrera. Dudó en 250cc, dudó en MotoGP… y volvió a dudar cuando pensó que, viviendo en Dubái, ya no tendría interés en regresar al campeonato. Pero aquí está.
Lorenzo explicó que su vuelta no contradice su vida actual, sino que la complementa. “He entendido que puedo ser feliz relajado en la playa, pero también despertándome a las seis de la mañana y trabajando siete u ocho horas con un piloto”, confesó. Para él, ambas versiones son compatibles. Ha descubierto una nueva vocación: transmitir lo que aprendió durante años al más alto nivel. “Tal vez he entendido que una de mis vocaciones más importantes es enseñar”, reconoció.
No se trata solo de asesorar desde fuera. Lorenzo habla de implicación real, de análisis técnico, de mentalidad, de detalles que marcan décimas. Y ahí es donde entra Maverick Viñales.
Por qué Maverick y no otro
Lorenzo no eligió al piloto al azar. Conoce a Viñales desde su etapa como rival y también desde su breve experiencia como probador de Yamaha en 2020. Pero lo que realmente le convenció fue otra cosa: el talento puro. “Creo que es uno de los talentos más puros de la parrilla”, aseguró. Destaca su facilidad para adaptarse a cualquier moto y su capacidad de ir rápido casi de inmediato. De hecho, recordó que si logra ganar este año, lo hará con una cuarta marca distinta, algo que pocos pueden decir.
Sin embargo, Lorenzo cree que ese talento no siempre ha sido exprimido al máximo. Y ahí ve margen de trabajo. “Siempre he pensado que podía aportarle cosas tanto en el lado técnico como en el mental”, explicó. Para el mallorquín, la mejora es una cuestión casi filosófica: “La mentalidad tiene que ser que siempre se puede mejorar”. Y ejemplifica con algo tan aparentemente simple como la salida: calentamiento de neumáticos, colocación en parrilla, gestión de la primera curva, adelantamientos en las dos primeras vueltas… cada fase es un universo de detalles.
Lo curioso es que él mismo reconoce que no nació siendo un maestro en las primeras vueltas. “Cuando llegué a MotoGP era de los peores saliendo. Perdía cuatro o cinco posiciones”. Lo aprendió. Lo trabajó. Y terminó siendo uno de los mejores. Su conclusión es clara: si él pudo transformarse, cualquiera puede hacerlo con método y disciplina.
2027, Honda y el efecto dominó
La conversación también se movió hacia el mercado y el cambio reglamentario de 2027. Sobre Honda, Lorenzo fue prudente pero dejó abierta la puerta a sorpresas. Recordó que en el motorsport nada es lineal y utilizó el ejemplo de Lewis Hamilton cuando dejó McLaren por Mercedes. “Nunca se sabe”, resumió.
Sobre Quartararo, no dudó: “Es uno de los cuatro o cinco talentos que marcan la diferencia en velocidad”. Y respecto a Pedro Acosta y su posible salto a Ducati junto a Márquez, evitó titulares grandilocuentes, pero dejó caer que cuando se juntan personas inteligentes —piloto, mánager y fábrica— las cosas suelen encajar: «Yo pienso que Pedro es un chico inteligente, tiene a su lado un manager inteligente que es Albert Valera, y aunque Ducati y Gigi Dall’Igna son inteligentes, entonces entre gente inteligente se entiende todo.”
Quizá una de las reflexiones más interesantes llegó al hablar de Bagnaia. Lorenzo se mostró sorprendido por la rapidez con la que el mercado está ocupando los asientos clave. “La gente se está moviendo muy rápido”, advirtió, señalando que ahora la agilidad estratégica es tan importante como la velocidad en pista.
Lorenzo, que durante años fue protagonista absoluto del campeonato, observa ahora el tablero desde otra posición. No compite. No arriesga el físico. Pero vuelve a sentir la adrenalina del proceso. Y esta vez no busca títulos. Busca evolución. Busca enseñar. Y, como él mismo ha descubierto, eso también puede hacerle igual de feliz.
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