
El piloto australiano explica cómo su enfoque siempre estuvo en superarse a sí mismo y no en competir contra rivales específicos.
Casey Stoner nunca entendió el campeonato del mundo como una historia de reyes que protegen la corona. El australiano, campeón de MotoGP en 2007 y 2011, ha explicado en una entrevista concedida a Crash.net que jamás afrontó una temporada con la sensación de estar “defendiendo” nada. Para él, cada año empezaba exactamente igual que para el resto.
Aunque logró dos títulos en la categoría reina, ninguno tuvo continuidad al curso siguiente. En 2008 fue Valentino Rossi quien le arrebató el campeonato y en 2012 Jorge Lorenzo se proclamó campeón en una temporada condicionada por la lesión de tobillo que Stoner sufrió en Indianápolis y que le obligó a perderse varias carreras. Sin embargo, más allá de los resultados, lo que realmente le llama la atención es la narrativa que acompaña al vigente campeón.
“Creo que tal vez me he acercado a las cosas de manera diferente a la mayoría, en el sentido de que nunca he ‘defendido’ un título, en mi opinión; siempre es un campeonato nuevo, borrón y cuenta nueva”, asegura. En su reflexión, insiste en que la etiqueta de defensor del título no cambia la realidad deportiva: “A la gente le encanta hablar de ‘defender un campeonato’, pero no es así: todos partimos de cero puntos otra vez. Básicamente, todos compiten por conseguir la mayor cantidad de puntos antes del final de la temporada, si lo miras así”.
Carrera a carrera, sin jerarquías
Lejos de asumir el rol de referencia a batir, Stoner explica que su enfoque era mucho más simple y directo. No había una figura concreta a la que destronar ni un rival permanente al que vigilar desde el primer día.
“Así que, fui analizando las cosas carrera por carrera, nunca vi a nadie como el ‘jefe final’, alguien a quien superar”, comenta. Solo cuando un piloto atravesaba un momento especialmente fuerte se convertía en el objetivo inmediato del fin de semana: “Creo que, durante el fin de semana, o si tenían una forma fantástica, si un piloto en particular había estado así, tenía un objetivo más claro, era el rival a batir”.
El australiano relaciona esta idea con su participación en el videojuego Ride 6, donde aparece como una especie de “personaje jefe”. Aun así, deja claro que ni siquiera ahí se identifica con esa imagen: “Por eso, aunque soy, digamos, el ‘jefe final’ de este juego, nunca me vi como tal: es solo otro desafío a superar, y supongo que esto debería verse como algo similar”.
Para Stoner, además, cada temporada es imprevisible por definición. Cambios de moto, de equipo y evoluciones técnicas alteran el equilibrio año tras año. “Pero no creo que necesariamente entraras en un nuevo campeonato pensando así. Todos éramos diferentes, las motos cambiaban durante la pretemporada, la gente cambiaba de moto durante la pretemporada, así que nunca sabías qué esperar de cara a la siguiente temporada, y esa es la belleza de este deporte”.
El rival más exigente
Más allá del concepto de “defensa”, Stoner profundiza en su mentalidad como piloto. Nunca sintió que estuviera compitiendo contra héroes ni que formara parte de una historia especial por medirse a determinadas figuras del paddock. “Supongo que nunca tuve este tipo de emoción, como la que sienten muchos otros corredores, de estar compitiendo con sus héroes o de estar haciendo cosas aparentemente diferentes a las de los demás”, reconoce.
Su mirada estaba dirigida hacia dentro. “Para mí, mi mayor reto era yo mismo, así que siempre hay algo más que sacar de uno mismo, de la moto, etc.”. Aunque admite que es necesario entender la dinámica con los principales rivales, matiza que nunca los colocó en un escalón superior: “Sí, tenemos que competir contra otros, así que hay que entender la dinámica entre uno y los mayores rivales, pero nunca los vi realmente como superiores”.
Esa autoexigencia le llevó también a analizar sus propios errores. “Hubo algunos puntos que definitivamente creo que podría haber manejado mucho mejor, pero todo se redujo a mí y a las decisiones que tomé y lo que hice”, señala. En ese proceso de revisión constante encontraba el margen de mejora: “Entonces, mi mayor competidor era yo mismo, estaba tratando de superar ciertos problemas, la forma en que montaba; y necesitaba adaptarme para hacer algo diferente, para ser similar a los otros muchachos, preguntándome cómo ellos eran capaces de hacer cosas que yo no podía hacer en ese momento”.
No centrar su energía en un único adversario, según explica, fue clave en su evolución. “Creo que, al no centrarme en ningún corredor ni rival en particular, eso me permitió seguir adaptándome, hacerme más fuerte y aprender de mis rivales. Sentí que eso realmente me impulsó a seguir adelante en mi carrera”.
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