
La sinceridad del 93
Marc Márquez volvió a mostrar su lado más humano en «El Objetivo», en una charla en la que habló sin filtros sobre el impacto real de las lesiones, su forma de entender el futuro y algunos recuerdos de su infancia que ayudan a entender cómo se ha construido el piloto y la persona que es hoy.
Uno de los momentos más sinceros llegó cuando explicó cómo se vive por dentro una lesión grave, más allá de los plazos médicos y la recuperación física. Para Marc, el proceso tiene distintas etapas muy claras: «Después de una lesión hay como tres periodos… el primero es destrozado, donde no quieres saber nada de nada». Reconocía que incluso tras ganar un Mundial pasó semanas encerrado, porque «el dolor te cambia el carácter».
Después aparece una fase intermedia, engañosa, en la que parece que todo vuelve a la normalidad, pero el cuerpo aún no está preparado: «Empiezas a mover e intentas probar, y ahí es donde me frenan y me dejo frenar». Y finalmente llega el tramo más complicado para alguien tan competitivo como él: «La última fase es la de la paciencia, porque no puedes subirte a la moto tan rápido».
«Pobre niño o niña»
La conversación derivó también hacia un terreno mucho más personal cuando se habló de la posibilidad de que sus futuros hijos se dediquen al motociclismo. Marc fue muy claro: «No me gustaría que se dedicara a esto, solo pienso en ‘pobre niño o niña’». Más allá del riesgo inherente a las motos, el piloto señalaba el peso del apellido como un obstáculo: «El legado, el llevar el apellido no les ayudaría nada. Pensarían que han llegado por ser el hijo de… no, no, no puede ser eso». Por eso, casi con humor, dejaba abiertas otras opciones lejos de los circuitos: «Balón de fútbol, raqueta… lo que sea». Una reflexión que deja ver su lado más protector y consciente de lo que implica crecer bajo el foco mediático.
«Siempre pillaban a mi hermano»
Al recordar su infancia, Márquez rompía con la imagen del niño perfecto. «De niño era el pillo, pero siempre pillaban a mi hermano», confesaba, aunque dejaba claro que en casa había normas muy claras con los estudios. «A equipos que fui fichado me pedían las notas; si suspendías o eras mal estudiante te echaban», explicaba. En su caso, tenía claras sus preferencias: «Me gustaban mucho las matemáticas, las letras se me daban peor».
Pese a lo que transmite ahora, Marc reconocía que de pequeño era muy distinto en lo social: «Era muy vergonzoso, no me gustaba que me dijeran nada de las carreras». Una timidez que fue desapareciendo con los años, aunque incluso en los momentos de éxito admite que no siempre es fácil gestionarlo todo. Sobre el día de la celebración lo resumía con sinceridad: «Vaya día… estoy agotado, me cuesta. En mis celebraciones, cuando estás con la adrenalina, me gusta expresarlo».
«Lo más difícil es saber cuándo y cómo»
La retirada fue otro de los temas inevitables. Márquez dejó claro que no vive pendiente de ese momento, pero sí es consciente de que llegará: «Al final, lo más difícil es saber cuándo y cómo, si alargar o no». Mientras exista la pasión y el cuerpo responda, su intención es seguir, aunque tiene claro dónde estará el límite: «Yo sé que voy a retirarme antes por el cuerpo que mentalmente».
El piloto reconocía que las lesiones han marcado este último tramo de su carrera, aunque sin arrepentimientos: «Se podría decir que este último tramo las lesiones no me han respetado, pero con lo que he arriesgado, sí me han respetado». Ahora, su enfoque es claro y realista: «Tengo que entender año a año cómo va mi cuerpo. Mentalmente sé que voy como un cohete, pero entender cómo y cuándo hacerlo».
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