
Una renovación de un solo año permitiría a Márquez proteger su competitividad en pleno cambio normativo y decidir su futuro con total libertad a una edad clave de su carrera
La superioridad de Marc Márquez en esta temporada ha sido tan abrumadora que Ducati considera prioritaria su continuidad. La marca lo sabe, él también, y el resto de la parrilla asume que, mientras siga encima de una Desmosedici ganadora, será el referente absoluto. Ahora bien, cuando analizamos con distancia el escenario que se aproxima, creemos que lo más prudente para el propio Márquez no es firmar un vínculo largo, sino un acuerdo de un solo año que lo lleve hasta 2027. No hablamos de una estrategia conservadora, sino de un movimiento calculado que le permitiría no quedar atrapado en un proyecto que podría cambiar por completo con la llegada del nuevo reglamento técnico.
El Mundial de 2027 abrirá un ciclo inédito. Las motos serán distintas, las exigencias aerodinámicas cambiarán, el reparto de concesiones se reseteará y la balanza de rendimientos entre fábricas puede dar un vuelco. Ducati llega como referencia, pero nadie puede garantizar que mantendrá ese papel en el nuevo escenario.
Para un piloto que compite en la fase más madura de su carrera, con más de tres décadas de vida y una trayectoria marcada por la excelencia, y que, físicamente, debe gestionar cada temporada con inteligencia para prolongar su pico competitivo, quedar atado dos temporadas adicionales sin saber si su moto seguirá siendo la mejor sería un riesgo innecesario. Un año de contrato, en cambio, le concedería libertad para decidir con conocimiento de causa.
Una cuestión de edad y de ciclo competitivo
Marc encara esta etapa como un piloto que ya ha vivido múltiples revoluciones técnicas. Sabe que la adaptación no depende solo de la moto, sino también del estado físico, el estilo de pilotaje y la dinámica interna de cada fábrica. A su edad, cada decisión contractual pesa más que nunca, porque el margen de maniobra natural de su carrera ya no es tan amplio como el de un talento emergente. Con un contrato largo podría encontrarse con dos temporadas completas en un equipo que quizá no encaje tan bien en la normativa nueva. Con uno corto, podrá decidir sin presión, calibrar opciones y actuar con la serenidad que da conocer el terreno antes de comprometerse. Y en un deporte donde las ventanas de rendimiento son tan delicadas, la flexibilidad es una ventaja enorme.
Ducati quiere asegurarse, pero Márquez también debe hacerlo
La marca de Borgo Panigale ha dejado claro que Marc es su prioridad absoluta. Las reuniones previas a su lesión en Indonesia ya apuntaban a una voluntad firme de cerrar un acuerdo amplio. Pero la negociación tendrá un elemento clave: el salario y los recursos disponibles para el segundo piloto del equipo oficial. Si Márquez firma un contrato largo y luego Ducati no consigue mantener el nivel técnico tras la reforma normativa, la rigidez contractual podría convertirse en un lastre estratégico tanto para él como para la marca. Un año de continuidad le permite ser leal al proyecto actual sin hipotecar el futuro.
Una ventaja táctica frente a sus rivales
Mientras otros pilotos dependerán de contratos cerrados y estructuras inmóviles, Márquez podría moverse después de comprobar quién interpreta mejor el reglamento 2027. Sería una forma elegante y eficaz de situarse siempre en el entorno más competitivo. Y él lo sabe: en MotoGP gana el piloto que más rápido se adapta a lo nuevo.
Optar por un contrato anual no sería una señal de desconfianza hacia Ducati, sino la confirmación de su ambición. Márquez no necesita promesas a largo plazo para sentirse seguro. Lo que necesita es la certeza de que seguirá disponiendo de la herramienta más competitiva posible para exprimir su talento al máximo. Firmar solo hasta 2027 le da ese margen. Le permite evaluar con detenimiento el inicio del nuevo ciclo técnico. Y, si Ducati continúa siendo la referencia, prolongar su vínculo sin riesgos.
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