
De clonar una BMW en una cervecería de Siberia a convertirse en un objeto de culto global fabricado en Kazajistán. Así es la historia de Ural y su eterno motor bóxer, el último dinosaurio mecánico que aún puedes comprar nuevo.
En la época dominada por la fibra de carbono, la IMU de seis ejes y las deportivas que que superan los 200 caballos, existe una marca que aún se resiste a estos cambios. Una moto de acero, pesada, lenta y tosca, que se niega obstinadamente a morir. Hablamos de Ural, la única marca que sigue fabricando motocicletas con sidecar de serie y tracción a dos ruedas.
Su historia es pura supervivencia y es que esta marca ha sabido sobrevivir a todos los desafíos del mercado con la misma intensidad que nació. Desde los frentes de la Segunda Guerra Mundial hasta las estepas de Kazajistán, la historia de Ural y su motor bóxer es una de las más fascinantes de la industria del motor.
1939: El espionaje y la ingeniería inversa
Para entender el origen de Ural, hay que mirar a Alemania. En 1939, poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética veía con preocupación el avance de las tropas alemanas Blitzkrieg en el terreno Polaco. El Ejército Rojo necesitaba urgentemente un medio de transporte, una motocicleta robusta y capaz de soportar los fríos inviernos rusos y la falta de carreteras.
El modelo elegido fue la BMW R71, una moto fabricada en Alemania que destacaba por su fiabilidad. La firma compró cinco unidades en secreto a través de intermediarios en Suecia, que las enviaron rápidamente a Moscú. Allí, los ingenieros soviéticos las desmontaron por completo y copiaron todos los moldes, aleaciones y componentes. De ese proceso de ingeniería inversa nació la M-72, la abuela de todas las Ural modernas. Stalin aprobó la producción inmediata y miles de unidades fueron enviadas al frente.

La huida a los Urales
En 1941, la primera etapa de la Operación Barbarroja supuso un gran avance de tropas nazis sobre el territorio Soviético. Viendo que Moscú se encontraba al alcance de los bombarderos de la Luftwaffe, el alto mando soviético decidió trasladar la fábrica de motocicletas al este, protegiendo de esta forma la producción de una posible incursión nazi.
El destino elegido fue Irbit, una pequeña ciudad comercial rica en recursos situada a las faldas de los Montes Urales, en Siberia. La maquinaria se instaló apresuradamente en una antigua cervecería local. De esta ubicación la marca tomaría su nombre coloquial de Ural, que acabaría convirtiéndose en oficial. La fábrica pasó a conocerse como IMZ o Fábrica de Motocicletas de Irbit y durante esta etapa de la guerra llegó a producir 9.799 M-72 para el frente.
De la URSS al Mercado de Lujo Occidental
Después de la guerra y durante los años 50, las Ural se destinaron a uso miliar. Sin embargo, esta tendencia fue cambiando, lo que llevó a IMZ-Ural a producir 130.000 unidades al año. Era el vehículo del pueblo, la mula de carga de la agricultura soviética y esto le llevó a abrir su venta a nuevos mercados en los países del Pacto de Varsovia y a los aliados de la URSS en África y el Sudeste Asiático. Sin embargo, con el colapso de la Unión Soviética en 1991, la marca casi desaparece.
La salvación llegó con la privatización y un cambio radical de estrategia. Ural dejó de intentar ser una herramienta barata para convertirse en un vehículo de aventura y estilo de vida. Un distribuidor independiente inició su aventura por estados Unidos, naciendo al poco tiempo Ural Company. Los años 2000 también trajeron turbulencias para la marca, y es que el cambio de estrategia no le llevó a los números esperados, cesando su producción y reiniciándola en 2001 tras la adquisición de Ural por parte de unos nuevos empresarios.

2022: El Éxodo a Kazajistán
La historia de supervivencia de Ural escribió su último capítulo recientemente. Tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 y las subsiguientes sanciones internacionales, la fábrica de Irbit se quedó aislada. No podían importar componentes occidentales ni exportar las motos terminadas.
La maniobra logística ideada por la dirección de la empresa llevó a la marca a trasladar la línea de ensamblaje final fuera de Rusia. En agosto de 2022, Ural inauguró su nueva planta en Petropavl, Kazajistán, una zona industrial y con población rusoparlante. Hoy, las motos siguen teniendo alma rusa y diseño alemán, pero nacen en tierras kazajas para poder seguir llegando a los entusiastas de los sidecares de todo el mundo.
Un motor bóxer inagotable desde hace 80 años
La ingeniería inversa trajo consigo un motor bóxer de dos cilindros opuestos refrigerado por aire que se convirtió en uno de las señas de identidad de Ural. Este motor guarda varias claves que han hecho que la marca lo mantenga en el tiempo. Uno de ellos es la refrigeración y es que al asomar los cilindros por los costados, reciben el flujo de aire directo sin necesidad de radiadores ni bombas de agua, elementos que la hubieran hecho muy vulnerables en combate.
La disposición plana del motor también favorece un buen centro de gravedad, manteniendo el peso muy bajo, crucial para la estabilidad de un conjunto asimétrico como es un sidecar. Por último, se primó por un motor bóxer con más par motor que potencia. Esta configuración hacía posible arrastrar a tres soldados y una ametralladora a través de barro, nieve y arena.

Aunque la base se mantiene, el motor ha evolucionado con los años para adaptarse a las nuevas normativas, entre ellos la Euro5. De los 746cc de válvulas laterales de la M-72 original, se pasó a las válvulas en cabeza en los años 60. Actualmente, las Ural montan un bloque de 749cc con inyección electrónica, encendido Ducati Energia y componentes firmados por Brembo y Sachs. Los modestos 41 CV de potencia y el par de 42 Nm que ofrece la Ural Gear up moderna son más que suficientes para mantener cruceros de 100 km/h.
La tracción a dos ruedas, el arma secreta
Lo que diferencia a una Ural de cualquier otra moto retro actual es su capacidad off-road real. Estas motocicletas con sidecar cuentan con el famoso sistema de tracción a dos ruedas seleccionable. Este mecanismo transmite la potencia a las ruedas traseras del sidecar, permitiéndole afrontar todo tipo de terrenos y desafíos.
Es un sistema mecánico rígido, lo que conlleva no contar con un diferencial y que ambas ruedas giren a la misma velocidad. Cuando el piloto acciona la palanca, las dos ruedas traseras giran al unísono, convirtiendo a la Ural en una motocicleta imparable en superficies deslizantes. Además, cuenta con una marcha atrás, necesaria para maniobrar sus más de 330 kg de peso en orden de marcha.
Conducir una Ural es un ejercicio de anacronismo. Exige implicación física, paciencia y un cambio de mentalidad. No se trata de llegar rápido, sino de llegar a cualquier lugar. El sonido grave y sincopado de su motor bóxer y la silueta inconfundible de su sidecar es un recuerdo a la época donde la tecnología más avanzada era aquella que simplemente se negaba a romperse.
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