
El sucesor del MOVES se llamará Plan Auto+ y promete mantener las subvenciones para la compra de motocicletas eléctricas apostando por su origen.
El Plan MOVES III tiene los días contados y el sector de los vehículos eléctricos espera con impaciencia noticias sobre un sustituto. Mientras la industria reclama a gritos un cambio de rumbo, desde el Ministerio de Industria y Turismo se perfila lo que podría ser el sucesor de las ayudas a la electrificación, denominado el Plan Auto+ 2026.
A falta de publicación oficial en el Boletín Oficial del Estado, los borradores y las negociaciones apuntan a un cambio de paradigma radical, promoviendo ayudas en función del origen. El Gobierno parece decidido a seguir la estela de Francia y priorizar a los vehículos que generen valor en Europa. Estas son las claves de los que podría ser el nuevo plan para eléctricos.
Hasta 2.000 euros de ayuda
Las propuestas sobre la mesa buscan revitalizar un mercado estancado. Y es que Europa ha visto como China se ha comido sus ventas, con propuestas de valor y unos precios inalcanzables para las empresas del viejo continente. Por eso, a priori el Plan Auto+ 2026 no solo va a discutir la cantidad a subvencionar, sino también el origen de la moto.
El esquema que se está negociando dividiría la ayuda en dos tramos para incentivar la reindustrialización. La ayuda Base sería de unos 1.200€ para cualquier moto eléctrica homologada, condicionada casi con total seguridad al achatarramiento de un vehículo antiguo. Por otro lado se habla de un «Bonus Europa» que podría rondar los 800€ adicionales destinado exclusivamente a vehículos que certifiquen una baja huella de carbono en su fabricación.

En la práctica, esto es un vacío legal para beneficiar a las motos producidas en Europa frente a las importaciones asiáticas. Si este dato se confirmara definitivamente, una moto ensamblada en Barcelona o Milán tendría una ventaja competitiva de casi 1.000 euros en ayudas frente a una traída desde China, lo que puede poner en alto valor la compra de un vehículo “Made in Europe”.
¿Por qué este cambio ahora?
Europa se ha visto contra las cuerdas con las propuestas Chinas, y España necesita proteger su tejido industrial. Marcas nacionales como Silence, Ray o Rieju llevan tiempo advirtiendo de la dificultad de competir contra precios de derribo que, a menudo, cuentan con ayudas estatales en su país de origen.
El Plan Auto+ 2026, tal y como se está planteando, no prohibiría comprar motos chinas, pero la subvención máxima quedaría reservada para quienes apuesten por una moto fabricada en el viejo continente. Es una medida proteccionista que Bruselas ve con buenos ojos, pero que tiene una complejidad técnica enorme para no violar las leyes de libre comercio.
La eterna promesa del cobro directo
Otro de los puntos a tratar en este nuevo plan es el cobro directo de la subvención. Son muchos los compradores que se han quejado de que el ingreso del MOVES tarda más de un año, algo impensable en una economía ajustada como la nuestra. El Gobierno ha prometido verbalmente que el nuevo plan corregirá este desastre burocrático, implementando el descuento directamente en la factura de compra.

Sin embargo, del dicho al hecho hay un trecho, y hasta que no veamos el mecanismo publicado en el BOE, recomendamos mantener el escepticismo. La gestión de fondos públicos requiere una fiscalización que, históricamente, ha chocado con la inmediatez que pide el mercado. Además, habrá que analizar los límites de precio que fija el nuevo plan, ya que el MOVES III fijaba el precio máximo del vehículo en 10.000 euros y ya son muchas las motocicletas eléctricas que superan esta cifra.
¿Qué marcas saldrían ganando?
Si el borrador se convierte en ley tal cual está planteado, los modelos eléctricos de marcas como Silence, Ray, BMW o Piaggio se volvería extremadamente atractivo en precio final, reforzando su posición en Europa. Aun así, es probable que veamos a los gigantes asiáticos acelerando sus planes para abrir fábricas en suelo europeo, como ya ocurre en el sector del coche, para no perder ese «bonus».
Por eso, ahora mismo hay que ser prudentes hasta que el Plan Auto+ 2026 sea una realidad. La teoría actual suena bien para la industria europea, pero el usuario final lo que necesita son certezas: saber cuánto le costará la moto realmente y, sobre todo, no tener que adelantar un dinero que tarda años en volver.
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