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La historia de Emile Leray y su Citroën 2CV que convirtió en moto para escapar del desierto

18 May. 23 | 16:00
Foto: Emile Leray

Una piedra inoportuna destrozó el brazo de la suspensión delantera derecha, impidiendo el movimiento del Citroën 2CV

La historia de Emile Leray, es increíble. Leray era un aventurero francés de 43 años (en 1993) y tenía un Citroën 2CV, apodado “el camello de acero” por su capacidad de adaptación al desierto. Esta, es la historia del coche que se hizo moto para escapar al brutal desierto del Sahara.

Un raid solitario por el sur de Marruecos

En marzo de 1993, Emile Leray se embarcó en un raid solitario por el sur de Marruecos. Viajaba en un 2CV por una ruta que bordeaba el desierto del Sahara Oriental. Tenía la intención de llegar a Mauritania. En las inmediaciones de la ciudad Tan Tan, una patrulla militar lo interceptó. Tenía restringido el paso: iba a desembocar en una zona controlada por el Frente Polisario, un movimiento de liberación nacional del Sahara Occidental que combate contra la ocupación de Marruecos y por la autodeterminación del pueblo saharaui.

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Los militares lo convencieron de que retroceda rumbo al norte. Temían que el Citroën motorizara a los combatientes enemigos. Decide continuar campo traviesa, rodeando el puesto de control. Una piedra inoportuna destrozó el brazo de la suspensión delantera derecha, impidiendo el movimiento del automóvil. Estaba a la intemperie, en el corazón de la infinidad, demasiado lejos de la humanidad para ir a pie, con diez días de víveres y un auto valioso que no quería abandonar en el desierto.

Foto: Emile Leray

Una idea inverosímil: convertir al Citroën 2CV inservible en una moto

Tenía 43 años. Hizo balance de la situación, desarrolló un plan de supervivencia. Tramó una idea inverosímil: convertir al Citroën 2CV inservible en una moto desesperada que lo extraiga de la magnitud y el cruel silencio del desierto. Emile Leray era especialista en transformación de vehículos. Había trabajado en talleres de Nouakcott, Bamako y Kakolou. Era un experto en lo que el denominaba”mecánica africana”, según su propia versión de los hechos.

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Tenía un valioso espíritu de superación y alicates, llaves fijas, alambre, un martillo, un corta chapa, un pequeño serrucho y tornillos. Desmanteló por completo el 2 CV. Conservó la carrocería para protegerse de los 40 grados diurnos y las gélidas noches del Sahara, y guarecerse de las tormentas de arena. No disponía de equipos de soldadura, taladros. Hizo perforaciones con el martillo y los tornillos. Doblaba pedazos de metal durante varios días. Creía que en tres días podía terminar la improvisada motocicleta. Fueron doce largas jornadas con disciplina marcial de racionalización del agua.

La única beneficiada por algo de suspensión era la rueda delantera. La trasera, era la encargada de la propulsión. El motor transmitía la potencia a la rueda de forma similar a las clásicas bicicletas a motor y el tambor de freno giraba directamente sobre el neumático. El tambor derecho estaba bloqueado con un cinturón para que el diferencial abierto transmitiese toda la fuerza al tambor motriz. Esta solución le permitía alcanzar una velocidad máxima de veinte kilómetros por hora, suficiente para su salvación. No tenía frenos y el escape era libre. La maniobrabilidad era realmente nefasta, pero servía. Emile Leray se cayó varias veces de su ex auto pero sobrevivió.

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Foto: Emile Leray

Fue interceptado por un todoterreno militar que le llevó de vuelta a la civilización

Cuando sólo le quedaba medio litro de agua fue interceptado por un todoterreno militar. Sus rescatistas no creyeron su historia hasta que encontraron los restos del 2CV original, abandonados en el desierto. Los gendarmes sin embargo no expresaron admiración: lo multaron por conducir un vehículo diferente al descripto en los papeles. El héroe volvió a su país. Tres meses después de aquel fatídico marzo de 1993 pagó una una gran cantidad de dinero para recuperar la “moto” que le salvó la vida.

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