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¿Puede el último samurái de Hamamatsu desafiar la tiranía de las superbikes europeas?

25 Ene. 26 | 22:00
Foto: Suzuki

Mientras la Yamaha R1 abandona la calle y las europeas rozan precios prohibitivos, Suzuki se niega a rendirse. La marca japonesa actualiza su mítica GSX-R a la exigente Euro 5+ y estrena aerodinámica. ¿Podrá mantener el trono que se ganó dentro de la categoría de superbikes?

Hubo un tiempo, en el que las cuatro grandes marcas de Japón dominaban el mercado de las deportivas. Si querías prestaciones, fiabilidad y precio, mirabas a Oriente. Pero las estrictas normativas de emisiones y la escalada tecnológica europea han cambiado las tornas. Yamaha ya ha sucumbido, dejando la R1 relegada solo a los circuitos. Honda ha radicalizado su Fireblade manteniendo la potencia por encima de los 200 CV gracias a su experiencia en el WSBK y Kawasaki mantiene su receta sin grandes revoluciones.

En este escenario de incertidumbre, Suzuki ha querido resistir a la extinción con la renovada GSX-R1000R. Encarnando el legado que ha definido a la familia GSX-R durante 40 años, la nueva superbikes de Hamamatsu se ha adaptado a la normativa Euro5+ que le permite seguir siendo matriculable en Europa. ¿Serán suficientes los cambios realizados para luchar contra la hegemonía Europea?

El sacrificio de la potencia

Para adaptarse a la extricta normativa Euro5+, la nueva GSX-R ha tenido que ajustar su potencia hasta los 195 CV, una cifra que supone un paso atrás respecto a los 202 CV de su predecesora y que la aleja de los estratosféricos 217 CV de la Honda CBR1000RR-R o la BMW M1000RR. Sobre el papel puede parecer una derrota, pero en carretera abierta, esta cifra se vuelve más dócil y manejable que sus rivales.

Para ello, han refinado el motor con nuevos sistemas de escape, inyectores top feed y una mayor compresión. Pero la clave sigue siendo el SR-VVT (Suzuki Racing Variable Valve Timing). Este sistema de distribución variable permite que la moto mantenga unos medios y bajos potentes. Mientras sus rivales de más de 200 caballos buscan su máximo en la parte alta del cuentarrevoluciones, la GSX-R empuja desde el principio con más ahínco.

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Foto: Suzuki

Contra Europa y Japón

La posición de la GSX-R1000R en el mercado actual se ha vuelto digna de estudio. Su enemiga natural, la Yamaha R1, ha desaparecido de los concesionarios como moto de calle en Europa. Suzuki además ha estado varios años sin actualizar esta superbikes, lo que ha hecho que Honda, Kawasaki y las firmas Europeas le hayan quitado a su público más fiel. Aun así, la nueva GSX-R sigue fiel a la filosofía de equilibrio total, lo que podría hacerle recuperar clientes que buscan una moto tanto para circuito como para carreteras abiertas.

Si miramos a la Honda CBR1000RR-R Fireblade, nos encontramos con una moto tecnológicamente maravillosa pero con una ergonomía más radical y un desarrollo de cambio larguísimo pensado para circuitos. La Suzuki, con su chasis de doble viga más flexible, su posición de conducción más ergonómica y una caja de cambios más corta, se siente mucho más amiga del piloto.

Frente a la Ducati Panigale V4 y la BMW S1000RR, la Suzuki juega la carta de la sensatez. No tiene la electrónica espacial de la italiana ni de la alemana, pero ofrece un completo sistema tecnológico denominado S.I.R.S. con launch control, Quick Shifter y ABS en curva entre otros. Además, añade la legendaria fiabilidad japonesa respaldada ahora por una garantía de 8 años que hace que te olvides de problemas hasta la próxima década.

Alas para volar y suspensión de oro

Una de las críticas que recibía la generación anterior era su estética, que empezaba a verse anticuada frente a las naves espaciales llenas de alerones de la competencia. Suzuki ha reaccionado introduciendo, como opcional, unos apéndices aerodinámicos inspirados en las carreras de resistencia. Estos winglet prometen aportar esa carga aerodinámica necesaria para estabilizar el tren delantero a altas velocidades, cerrando la brecha técnica con las europeas en pista.

Foto: Suzuki

Lo que afortunadamente se mantiene sin cambios es la parte ciclo. Mientras que Honda y la Ducati confían en Öhlins y sus suspensiones semi-activas, Suzuki cuenta con una horquilla Showa BFF con sus depósitos de gas independientes que sigue siendo, posiblemente, la mejor suspensión de serie del mercado sin electrónica en cuanto a tacto. Junto al chasis de doble viga de aluminio y un basculante optimizado crean un conjunto que transmite precisión, confianza y aplomo.

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El trono de la lógica

Si definimos el trono como la Superbike definitiva para el motorista de a pie, la Suzuki GSX-R1000R es una clara opción a ocuparlo. Es una 1000 matriculable, fiable, con un motor lleno de carácter gracias al VVT y una parte ciclo que no exige ser piloto profesional para ir rápido. Ya no pretende ser la más potente de la parrilla, sino una deportiva hecha para sonreír cada vez que se abre el gas fuera de los circuitos.

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