
Pocos linajes en Bolonia son tan sagrados como el de la Monster, el motor económico que mantuvo a flote la fábrica durante décadas. Nacida de la audacia de Galluzzi, esta máquina demostró que «menos es más» antes de que fuera una moda
Tras años a la sombra del éxito comercial de la Multistrada, la saga se reinventa ahora en una quinta entrega que destila la misma esencia indomable del modelo original. Estamos ante un punto de inflexión histórico. Ducati ha decidido jubilar el sistema desmodrómico en este nuevo bloque V2 de 890 cc para abrazar una ingeniería más lógica y eficiente: muelles de válvula y distribución variable (IVT).
¿Sacrilegio? Al contrario. El resultado es un propulsor que se comporta como una catapulta; te regala el 80% del empuje desde las 4.000 rpm, pero conserva ese ADN de Superbike para aullar hasta las 10.000 rpm. Además, la madurez técnica se traduce en tranquilidad: los intervalos de mantenimiento se han estirado hasta unos impensables 45.000 km para el reglaje de válvulas y 15.000 para el cambio de aceite. Es la pasión italiana, pero sin las ataduras de antaño.

Si intentas buscar el clásico chasis multitubular de acero, no lo encontrarás. La Monster 2026 sigue la dieta estricta de MotoGP, utilizando el propio motor como columna vertebral. Sobre él se anclan un bastidor frontal de aluminio y un subchasis de tecnopolímero, logrando un peso pluma de 175 kg (con el depósito vacío).
Es una moto que se siente casi inexistente entre las piernas. Con una altura de asiento que puede bajar hasta los 775 mm, Ducati ha democratizado el rendimiento: es tan amable con quien empieza como excitante para quien ya tiene el colmillo retorcido. La parte ciclo la firma Showa y Brembo (con las inefables M4.32), asegurando que cada grado de inclinación sobre los Pirelli Diablo Rosso IV sea una lección de precisión.

No es solo hierro y gasolina; la Monster 2026 es un prodigio digital. Su IMU de seis ejes actúa como un ángel de la guarda invisible, gestionando el ABS en curva y el control de tracción con una finura quirúrgica. Durante nuestra ruta por las sierras de Málaga, en tramos mojados fruto del temporal que castigó el sur de la península, el modo «Wet» transformó a esta bestia en una aliada dócil y segura. Todo se gobierna desde una pantalla TFT de 5″ que destila lujo y claridad.
PRUEBA DINÁMICA
Málaga me recibe con un cielo despejado y 18 grados que invitan a todo menos a quedarse parado. Por delante, casi 200 kilómetros de asfalto serpenteante por el interior de Andalucía para descubrir si la Ducati Monster 2026 sigue siendo ese objeto de deseo indomable o si ha terminado por madurar del todo.

Una entrega de potencia que engaña
Lo primero que te rompe los esquemas no es su estética, sino su motor V2. Ducati ha logrado lo impensable: que un bicilíndrico de carrera corta se comporte con la etiqueta de un lord inglés a bajas vueltas. Basta con superar las 2.000 rpm para que la moto avance con una finura exquisita, sin tirones, gracias a una gestión del gas (drive by wire) que se siente conectada directamente a tus pensamientos.
Pero que no te engañe su suavidad. Al abrir paso al sistema IVT, la aceleración se vuelve eléctrica y lineal hasta las 6.500 rpm; ahí es donde la Monster recuerda su apellido, activa el «postquemador» y te regala una patada de 111 CV que, en marchas cortas, apunta al cielo con más ganas que una Streetfighter. Todo esto acompañado por una banda sonora que ha abandonado el tintineo metálico de antaño por un sonido grave y rotundo. Pocas motos de serie hoy en día, cuentan con un escape tan bonito y que genera un sonido tan embriagador.

Dinámica: El arte de no estresarse
Si algo define a esta generación es la ergonomía inteligente. Sigues yendo ‘al ataque’, con los brazos abiertos sobre el ancho manillar, pero la tortura en las muñecas es cosa del pasado. Me siento más «sobre» la moto que «dentro» de ella, una libertad de movimientos que se traduce en un control absoluto. Llego al suelo con total confianza, aunque admito que el botón de los modos de conducción podría estar un par de milímetros más cerca del pulgar.
En las curvas rápidas de la sierra malagueña, el chasis brilla por su nobleza. Aunque Ducati ha optado por un tarado de suspensiones sorprendentemente cómodo (tirando a blando para los puristas), la moto no flanea. La respuesta de los Pirelli Diablo Corsa IV es cristalina. Es cierto que, si buscas el límite absoluto, echarás de menos unos ajustes más firmes, pero para el 95% de las situaciones, este chasis ofrece una estabilidad que parece ir sobre raíles.

Tecnología con sentido
El despliegue de componentes es, sencillamente, clase ejecutiva. Ver las bombas radiales Brembo en el manillar ya te anticipa que no se ha escatimado. Los frenos tienen un primer toque amable, ideal para no entrar en pánico si eres novato, pero si aprietas con decisión, la potencia es demoledora. La electrónica, por su parte, no es demasiado intrusiva, es colaborativa. El quickshifter es una delicia: firme, sin esa sensación «de madera» de otros cambios rápidos, funcionando con precisión incluso cuando vas relajado. La pantalla TFT, con un contraste envidiable, hace que cambiar de mapa motor sea tan sencillo como navegar por un smartphone.
¿Para quién es esta Monster?
Ducati ha conseguido lo más difícil: que el concepto V2 sea educado sin perder la mala leche. Atrás quedaron las vibraciones de las Monster de antes; hoy es una máquina refinada, predecible y endemoniadamente rápida. Es la moto que te sonríe cuando empiezas, y te reta cuando ya crees que sabes pilotar.

Definirla en una palabra es muy difícil, pero tal vez, versátil sea esa palabra. Es una moto que cumple perfectamente tanto para ir a trabajar o curiosear por la ciudad, como para disfrutar de una salida de fin de semana enlazando curvas a ritmos altos. Lo hace todo bien. El motor es una delicia, el chasis funciona sorprendentemente bien y, por ponerle un pero, lo único que se echa en falta es una suspensión delantera regulable (aunque de serie tiene un tarado bastante acertado), que suponemos llegará con la futurible versión SP.

Si buscas una moto bonita, fiable, con la potencia necesaria para disfrutar de ella en cualquier escenario, la Monster 2026 es para ti. Toda una institución en el mundo de las dos ruedas, la quinta generación ‘del monstruo’ estará disponible en diciembre de este año a un precio que partirá desde 13.199 euros para la versión roja (la blanca con llantas rojas es algo más cara). La nueva Ducati Monster no solo ha vuelto; ha mutado para seguir siendo la reina de la calle.
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