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MOTOSAN | MOTOGP, MOTOCICLISMO Y COMPETICIÓN. "Life is Racing"

PRUEBA | Harley-Davidson Street Bob, cuestión de actitud

22 Dic. 22 | 16:00
Foto: Toni Guerrero (Motosan)

Para todos aquellos amantes de la estética “Low & Long”, típica de la década de los noventa, la Street Bob 114 es la moto idónea. Este modelo, junto a la Standard, son los mejores representantes que tiene la MoCo en su catálogo, de aquellas motos largas, bajas y estrechas que inundaron el mercado a finales del pasado siglo.

Foto: Toni Guerrero (Motosan)

Eran unas motos donde nadie se planteaba algo que no fuera un cuelga-monos y unos mandos avanzados. Y es verdad que, a diferencia de aquellas, la Street Bob monta unos mandos medios, pero su posición no es nada centrada, como si sucede en las Sportster, y son un auténtico acierto en cuanto a comodidad: permitiendo tener una posición relajada, pero sin perder un ápice de capacidad de apoyo a la hora de hacer girar a la moto. Punto este último, en el que su “ape hanger” de media altura, o bajo según criterios, se comporta de maravilla, haciendo innecesario erguirte más de lo normal en las curvas cerradas.

Volviendo al asiento, este mantiene el equilibrio del que hace gala toda la Street Bob. Para ser el asiento de una cruiser: amplio y mullido, no lo es hasta el punto de llegar a incordiar a un trasero más deportivo. No es que me guste sentarme sobre una tabla de planchar, pero como todo en la vida hay un punto intermedio y esta moto lo consigue, siempre pensando que es una custom. Lo mismo sucede con el “taco” del acompañante, que permite hacer cierta cantidad de kilómetros sin perder la relación, aunque es recomendable la instalación de un respaldo, bajo, para no reventar la imagen de la moto.

Foto: Toni Guerrero (Motosan)

Tamaño sí, pero no mucho

Siguiendo un poco con el tema ergonómico, como buena cruiser, la Street Bob 114 hace gala de unas cotas más que holgadas. Para que nos entendamos, la moto tiene una distancia considerable (2.320 mm), así como un peso que se nota (297 Kg). Esto, que a conductores noveles puede intimidar al principio, es una virtud más que elogiar por los amantes de los choppers y bobbers, situándose este modelo entre las más “fáciles” de los grandes Big Twins del mercado.

Como es lógico, estas “virtudes”, junto a unas efectivas suspensiones, le dan un aplomo envidiable en autopistas y vías rápidas siempre que mantengamos una velocidad lógica, ya que la falta de protección aerodinámica se hace muy presente cuando sobrepasamos los 140 km/hora. En cuanto a su dinamismo en carreteras de montaña o en uso urbano, si le das una oportunidad y te haces a ella, la moto va muy, pero que muy bien. Su par motor te saca de cualquier situación, aunque lleves una marcha larga, inundando el ambiente con su sonora pistonada. No es que sea ágil como un patinete eléctrico u otro juguete ecológico, pero evidentemente mola mucho más… por lo menos para mí.

Foto: Toni Guerrero (Motosan)

Par, mucho par

Volviendo al tema de las pistonadas, el Milwaukee Eight de 114 pulgadas es una auténtica gozada y en esta moto saca todo su potencial por una simple cuestión de peso/potencia. Si en las grandes touring de Harley Davidson este bicilíndrico cumple con nota, imaginaros como va en una moto bastante más ligera… Permitiendo salir con contundencia en los semáforos, dejando de paso a más de uno con la boca abierta; y realizar adelantamientos con mucho margen, sin tener que encomendarte a ningún santo. Para que os hagáis una idea, la potencia máxima de esta moto está en algo más de 5.000 vueltas, y a 2.700 ya estás en el límite legal permitido (120 km/h). Todo ello con un consumo prudente, de en torno a los 6/7 litros a los 100 km, siempre que no hagamos el cafre.

Foto: Toni Guerrero (Motosan)

Equipación, la justa

Otro aspecto en el que la Street Bob 114 también va a contracorriente es en su equipación. Hoy todos los fabricantes, incluido Harley Davidson, cargan sus motos de gadgets, ayudas electrónicas y demás cachivaches que la mayoría de las veces no se usan apenas y le quitan un poco de nostalgia al tema. Es verdad que muchas de ellas mejoran la seguridad en la conducción, pero en este tipo de motos son muchas veces innecesarias. En el caso de la Street Bob 114, las ayudas se resumen a la presencia de un sencillo ABS, que actúa sobre su único disco de freno delantero, que gracias a Dios no tuve que comprobar su efectividad. En cuanto el resto de su “arsenal” electrónico tenemos varios indicadores muy básicos como los de punto muerto, presión baja de aceite, indicador de batería baja, reserva, etc.; y una pequeña pantalla LCD, de 2,14″ con lo justo, a la que se accede desde un botón de la piña izquierda… muy cómoda, discreta e intuitiva.

Foto: Toni Guerrero (Motosan)

Cuestión de actitud

Retomando el tema de la pantalla LCD, esta va integrada en el soporte del manillar, pasando prácticamente desapercibida. Un rasgo más de las intenciones de la Street Bob 114, que hace de la sencillez y pureza de líneas su mantra. Como demuestra también su redondeado depósito de gasolina o el negro que inunda toda la moto, desde el motor al chasis, pasando por buena parte de su carrocería en el caso de la moto que probamos.
Por último, también queremos destacar, que sensaciones transmite la Street Bob 114, al margen de su efectividad dinámica o la contundencia de su motor.

Esta Harley, como os decíamos al principio, es la heredera de la concepción Cruiser, que fue la predominante durante mucho tiempo y que con el tiempo dio paso a otras. Son muchos los que tendrán la tentación de incluirla entre las bobbers, pero para mí, no sería correcto. Salvo los fuelles de goma de sus horquillas y el patrón de su asiento/taco, esta moto tiene bastante poco que ver con la estética cincuentera que sigue la corriente bobber. Solo hace falta prestar atención a sus líneas y la catalogaremos con corrección: Low & Long, cuestión de actitud.

Equipamiento: Casco SMK, Chaqueta ByCity, Guantes ByCity.

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