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PRUEBA | Triumph Bobber, una sport-cruiser

10 Mar. 22 | 16:00
Foto: Toni Guerrero - Motosan
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Sin duda esta Triumph bobber levanta expectación por donde quiera que vayas. Es unas de las pocas motos que he probado (y ya van unas cuantas), que llamaba la atención a niños, mayores, mujeres, abuelos….a todo el mundo!!. Todos se paraban sin remisión a admirarla y como no, a hacerse fotos, de verdad es que es algo fuera de lo normal.

Triumph en su gama “modern classics”, ha dado en el clavo en el diseño de esta auténtica Bobber con estilo de los años 40, pero incluyendo las más altas prestaciones y seguridad que ofrece la tecnología actual. Todo aplicado al estilo Bonneville da como resultado una moto llamativa y que podemos considerar una custom de fábrica 100%.

Las “Bobber” son un estilo de moto que tienen mucho que ver con las Harley Davidson, las Triumph o las Indian. Este estilo de motos surgió en los años 40 en Estados Unidos y sus principales ideólogos fueron los soldados de la 2º guerra mundial que volvían a casa y buscaban unas motos no tan pesadas como las Harley existentes en ese momento y lo que hicieron fue despojarlas de lo más superfluo y las dejaron casi en la mínima expresión.

Eran motos rápidas, sobre todo por su relación entre peso y potencia, que marcaron época. Otra de sus características es que eran bajas, muy bajitas y montaban ruedas del mismo diámetro en ambos trenes y una gran distancia entre ejes lo que les daba una visión muy característica. Estas motos pretendían evocar fiereza y un estilo de vida desenfadado.

Foto: Toni Guerrero

La nueva Triumph Bobber mantiene todo lo que este estilo de moto debe de tener. Para cumplir con las señas de una verdadera bobber han despojado de casi todo a la Bonneville T120 hasta dejar sólo lo imprescindible. Con sus líneas despejadas y silueta baja, asiento monoplaza, manillar ancho y bajo, carrocería y faro reducidos al mínimo, depósito esculpido, llantas de radios, una rueda trasera ancha y una imprescindible zaga de aspecto rígido, junto con un guardabarros descubierto.

Todo el diseño de la Bobber es nuevo, pero llama especialmente la atención el  basculante de estructura tubular de aspecto rígido y el mono-amortiguador oculto (lo que da la impresión de ser una moto sin amortiguación) que logran que la Bobber sea tan fascinante de conducir como de contemplar.

Lo primero que llama la atención es el asiento monoplaza, con un diseño espectacular y que resulta mucho más cómodo de lo que pueda parecer, incluso existe la posibilidad de subirlo, bajarlo, adelantarlo a atrasarlo hasta conseguir una posición idónea.

Como modelo moderno dispone de los últimos adelantos en cuanto a seguridad, pero es que los ingenieros de Hinckley han querido que todos estos no sean apreciables a simple vista, consiguiendo que todo quede “escondido”, pero te aseguro están ahí para ayudar a la conducción y mejorar el placer de conducirla. Comenzando por su acelerador electrónico, que asegura un control exquisito del mismo, quedando casi imperceptible tras una imitación de auténticos carburadores.

También dispone de control de tracción desconectable, que en mi opinión lo encuentro bastante intrusivo, sobre todo si circulas por zonas bacheadas y al abrir gas aprecio que actúa demasiado pronto, pero esto tiene una fácil solución… desconectarlo.

Foto: Toni Guerrero

Otra de sus ayudas son los modos de conducción “Road” y “Rain”. Especialmente me gustó el modo Road que es donde la Bobber te ofrece todo, además que en Madrid últimamente llueve bastante poco. El embrague asistido anti rebote, también de serie, viene muy bien si quieres apurar, aun no siendo una moto destinada para esto de apurar, y al contrario que su control de tracción, me pareció un acierto.

Sobre el ya conocido motor Bonneville de 1200cc. cargado de par se le aplicado una configuración específica para conseguir aún más par motor y potencia a bajas revoluciones. La potencia que nos ofrece es de 77CV a 6100 rpm, pero lo mejor es un increíble par motor de 106Nm a 4000 rpm. Es un verdadero placer la sensación de potencia que brinda, pareciendo que disponemos de más CV de los que realmente son. Las aceleraciones que es capaz de desarrollar son excitantes y si le unes el sonido que emiten sus dos escapes de doble capa de acero inoxidable pulido con silenciadores de acero inoxidable, te vas a sentir un auténtico motero de los años 40.

Lo primero a lo que te tienes que acostumbrar, es que para poner el contacto tienes que llevar la llave a la parte derecha de la moto donde se encuentra el bombín de la misma. Nada más ponerme en marcha, la sensación que más me transmitió, a parte de musculosa, es que parecía que ya la había llevado anteriormente y enseguida intimas con ella. Es todo suavidad hasta que decides abrir gas y ahí es cuando su motor con un sonido precioso dice “aquí estoy”. Puedes llevarla de manera tranquila o de manera no tan tranquila, que te vas a divertir siempre, por lo menos yo lo hice, me divertí y mucho.

La posición de conducción es óptima encontrándome a gusto sobre ella desde un primer momento y es capaz de mantener ritmos bastante ligeros sin agobios, siempre teniendo cuidado ya que sus estriberas te avisan de que estas llegando al límite. Solo es cuestión de ajustar tu conducción a esta moto, y así lo hice, pues acompañando con mi cuerpo la trazada, todo genial.

Foto: Toni Guerrero

En cuanto a los frenos, los encontré más que suficientes (disco flotante de 310mm delante y disco de 255mm detrás), aunque sí que noté en algún momento que para parar la moto de una forma más brusca tienes que tirar bastante de la maneta, pero nada que sea destacable. En cuanto al ABS, solo decir que está muy bien afinado, al igual que el resto de la parte ciclo.

Triumph ofrece la posibilidad de adaptar tu Bobber a tu estilo personal con más de 150 accesorios para elegir, como silenciosos Vance & Hines, manillares “cuelga monos”, aros de faro con distintos acabados, retrovisores convexos, semi manillares, guadabarros delantero recortado, o intermitentes led entre otras posibilidades. También puedes mejorar el nivel de confort en marcha con prácticos accesorios como los puños calefactables, el sistema de control de velocidad de crucero, bolsa a medida para el basculante o asientos acanalados.

Este último capricho de Triumph no sólo es que sea una exquisita creación, funciona realmente bien y es muy divertida de llevar gracias a su bajo centro de gravedad, a las acertadas geometrías y a un reparto de pesos equilibrado. Su contundente motor y sus suspensiones trabajan muy bien y regalan al piloto un comportamiento “sport” que sorprende bajo esa apariencia de “cruiser” elegante y tranquila.

Equipamiento: Casco 130R, Chaqueta Armure, Pantalones, Botas y Guantes Armure

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