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PRUEBA. Triumph Street Triple S – A2: La street fighter más versátil

11 Ago. 20 | 16:00
Triumph Street Triple S
Foto: Valeria Gil (Motosan)
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«Kevin Schwantz y yo chocamos muchas veces, pero casi nunca sin querer« – WAYNE RAINEY
Editor de Motosan.es – Life is Racing
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Con la Triumph Street Triple S, la marca de Hinckley ofrece un modelo de acceso a la gama street fighter media de la marca, apta para el carné A2 y con aptitudes más amables para su uso cotidiano. No han dado puntada sin hilo, al abrir el abanico de potenciales usuarios con esta versión más sencilla y civilizada.

Antecedentes

Los amantes de las street fighter le debemos mucho a Triumph. Podemos afirmar que fue el primer fabricante de motos en atender la demanda de cierto público por una moda nacida en el Reino Unido. A principios de los 90, cuando el propietario de una deportiva tenía un accidente, se convirtió habitual el devolver a la vida a su maltrecha amiga, desprovista aún de carenados. Así nacía la tendencia street fighter, con deportivas puras desnudas y con todas sus intimidades al aire. A mediados de esa década, Triumph ya había probado la fórmula al presentar una café racer neoclásica, la cual era básicamente una Daytona 900 sin carenados. Pero esta primerísima Triumph Speed Triple (T300), rezumando clase y elegancia, estaba lejos de lo que los amantes de las street fighter demandaban.

Imagen: Triumph Motorcycles

Con la siguiente generación de Triumph Daytona (T595) en 1997, sacaron la impactante Speed Triple T509 y nadie quedó indiferente. Con una agresiva y descarada actitud, daban en el clavo y desde el mismo momento en salir a la venta, sus agresivos y saltones faros se convirtieron en la seña de identidad de la gama. Esta ya sí fue la que podríamos denominar primera street fighter de serie. Triumph arriesgó, convirtiendo una moda en una realidad que ha perdurado durante el tiempo y siendo la referencia de esta categoría.

Imagen: Triumph Motorcycles

Con la misma filosofía en los años venideros, las nuevas generaciones de Speed Triple acompañaban a las nuevas generaciones de Daytona. Queriendo buscar más público potencial, también sacaron a la venta una versión street fighter de su gama Super Sport, la Speed Four 600, ya en la década de 2000. Pero no fue hasta 2007, cuando la primera Street Triple salió a la venta. Al igual que en su orígenes, esta aprovechaba lo mejor de la deportiva Daytona 675, ya de tres cilindros y afianzaba así la gama media de street fighters de la marca inglesa. Y sin perder su seña de identidad desde hace más de veinte años, las nuevas Street Triple siguen marcando tendencia con una estética agresiva, que no deja a nadie indiferente.

Foto: Valeria Gil (Motosan)

El corazón

El tricilíndrico de 660c.c. de la Street Triple S es único en su especie. Sus hermanas de gama comparten el 765 c.c de mayor potencia y relación directa con los utilizados en el mundial de Moto2. Pero el 660 de la S resulta perfecto para el fin que buscamos en este modelo de acceso. En su versión limitada ofrece los 47,6 CV exigidos por ley, frente a los 95,2 CV de su versión libre. Sin embargo, donde vemos que Triumph ha realizado un fantástico trabajo en la limitación de este propulsor, es cuando consultamos la cifras de par. La versión limitada llega a rendir 60Nm a 5.250 rpm, mientras que sin limitar la diferencia es tan solo de 6 Nm más. Eso sí, en la versión de fuerza libre, el par máximo se obtiene a 9.250 rpm. Con esto, lo que se ha conseguido es que el motor limitado sea muy aprovechable a bajo y medio régimen, cortando un poco la fogosidad en la estirada a altas vueltas.

Foto: Valeria Gil (Motosan)

Pero más allá de las cifras en papel, esta versión limitada de la Street Triple S, parece no estarlo. En el momento en el que nos cedieron la moto para realizar la prueba, nos comentaron que no parece una moto limitada. Y no podemos más que suscribir estas palabras. La respuesta de este tricilíndrico impresiona, si lo que estás esperando es lo que habitualmente esperamos de una moto limitada. Su rendimiento en marcha, tanto en ciudad como en carretera abierta, empalidece a cualquier otra competidora del segmento A2 en cualquiera de las situaciones. De nuevo, sin dejar lugar a dudas, el ADN de street fighter de esta Speed Triple S queda perfectamente reflejado, incluso contando con la limitación para el A2.

Cómo se comporta

Foto: Valeria Gil (Motosan)
Foto: Valeria Gil (Motosan)

El chasis de fundición de aluminio de doble viga otorga un comportamiento dinámico muy equilibrado al conjunto. Esto también se debe en parte a la calidad de las suspensiones Showa en ambos trenes, aunque el tarado de estas esté pensado para un uso más cívico de lo que la apariencia de la Street Triple S invita. La horquilla delantera, invertida de 41mm, carece de regulación alguna y el amortiguador trasero tan solo permite regulación de precarga en el muelle. A pesar de la buena calidad de estos componentes, se puede llegar a los límites de ambos trenes si les buscamos las cosquillas. Es el comportamiento lógico de una moto más pensada para todo uso, que para una utilización extrema y deportiva constante.

Pero no nos engañemos. La diversión está mucho más cerca de lo que pensamos y el llevar al límite a la Street Triple S es más complicado de lo que un piloto novel es capaz. O no tan novel ya que, a ritmo alegre, por cualquier carretera de curvas de nuestra geografía, hay que jugarse el bigote para llegar a ese punto. En consecuencia, nos encontramos con unas suspensiones mucho más confortables para el uso diario, convirtiendo parte de esta street fighter en una acogedora compañera. Y se agradece. En los traslados diarios, la comodidad es un plus a tener en cuenta.

Foto: Valeria Gil (Motosan)

Equipamiento

Además del obligatorio ABS, la Street Triple S cuenta con dos modos de gestión electrónica de conducción: Road y Rain. En el segundo modo, la dulzura de reacciones del propulsor se transforma en seguridad absoluta a la hora de afrontar piso deslizante. En cuanto a la iluminación, cuenta con tecnología led delante y detrás, no apareciendo esta en los intermitentes. Curiosamente, en el apartado de iluminación eché de menos el pulsador de ráfagas. Y aunque su uso sea cada vez más limitado, el carecer de este botón me chocó un poco. Por otro lado, su mínima cúpula a penas desvía el viento, incidiendo este directamente en nuestro pecho. Y es que en una street fighter, lo superfluo queda descartado, aunque entendiendo las necesidades del usuario menos exigente, Triumph también ofrece una pequeña cúpula transparente como accesorio.

Foto: Valeria Gil (Motosan)

Nuestra Street Triple S equipa de serie acelerador electrónico, el cual requiere un breve periodo de adaptación, sobre todo si venimos de aceleradores de cable convencionales. Su tacto es sumamente suave, al igual que el del mando del embrague de accionamiento mecánico por cable. Este funciona con más dulzura que muchos hidráulicos que haya probado.

Foto: Valeria Gil (Motosan)

La opinión subjetiva

La primera impresión que tuve al subirme a la Street Triple S fue muy positiva. Es una moto de verdad. A pesar de mostrarse como un modelo de acceso a la gama, es una moto en la que casi cualquier tipo de conductor sentirá que no necesita más moto. Así me lo pareció según recorría los primeros kilómetros, mientras regresaba a mi casa. La entrega de potencia y lo aprovechable de esta, me estaba desmontando mis esquemas respecto las motos limitadas. Además, había tenido que echar mano de los frenos con algo de brusquedad, debido a un conductor de un coche, el cual debía de carecer de retrovisores, intermitentes y, sobre todo, falta de atención. La Street Triple S frenó con contundencia y seguridad. No podía estar más satisfecho en esos primeros momentos sobre ella.

Foto: Valeria Gil (Motosan)

El caso es que, al cambiar de una autovía a otra, mientras circulaba dentro de los límites legales por una vía de servicio de dos carriles, me adelantó una naked de mayor cilindrada, a escasos centímetros y por mi mismo carril. Esto me importunó lo suyo, pero en un instante el karma me iba a dar la oportunidad de redimir tan fea acción. La vía de servicio gira hacia un puente que cruza la carretera por la que circulaba. Es el típico desvió en curva ascendiente de 270 grados, pero con dos carriles. Veo que una nueva amistad con el de la naked va a tomar forma, ya que el conductor se arrima desde el principio a la raya del arcén interior, dejando casi la totalidad de dos carriles por su exterior para que la Street Triple S muestre su compostura. No me lo pienso, suelto frenos, me descuelgo y la moto entra en la curva casi sobre raíles y a buena velocidad, haciendo un exterior de manual al poco afortunado conductor de la naked.

El par de la Street Triple a medio régimen me saca del ápice de la curva rápidamente y cuando me quiero dar cuenta, la moto de mi nuevo amigo ya no se ve ni a lo lejos, en los bonitos retrovisores. Al rato, al aparcarla en el garaje de mi casa, me quedé observándola un rato y ratificando mi primera impresión. Tanto el conductor novel, que busque una buena montura para comenzar, como el más experimentado, al que la estética, prestaciones y versatilidad le pesen más, encontrarán una moto perfecta con la Street Triple S. Por 8.700€ puede ser tuya, esta amable street fighter que rebosa ADN de Triumph por todos lados.

Foto: Valeria Gil (Motosan)

Nos gusta:

  • Estética
  • Comportamiento de motor limitado
  • Versatilidad y confort

Nos gusta menos:

  • Ausencia de botón de ráfagas
  • Tarado de suspensiones, al límite

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