
Álex Márquez apunta al futuro sin cerrar la puerta a Gresini y admite que 2027 será el año de los riesgos
La presentación del equipo Gresini en Kuala Lumpur dejó una imagen clara sobre el momento que vive Álex Márquez dentro del paddock. El piloto español afronta 2026 reforzado por su mejor temporada en MotoGP y convertido en uno de los nombres más codiciados del próximo mercado, aunque su discurso combina ambición y estabilidad. No esconde que su objetivo natural pasa por un equipo oficial, pero tampoco oculta que se siente plenamente respaldado en su estructura actual.
Márquez llega tras un invierno que define como necesario para resetear. Reconoce que el tramo final del pasado campeonato le dejó mentalmente al límite, algo que le obligó a bajar revoluciones antes de retomar la preparación física en diciembre. Ahora asegura sentirse listo para encarar test y primeras carreras con otra energía. “Era un invierno que necesitaba. Llegué al final de temporada muy cansado mentalmente, pero ya estoy preparado para empezar fuerte”, explicó.
El segundo que sabe a poco
Pese a firmar su mejor resultado en la categoría reina, el propio piloto relativiza el subcampeonato con una mezcla de ironía y autoexigencia. “Al final perdí. Soy el primero de los perdedores”, repite entre risas, dejando claro que su lectura del curso pasado no es complaciente. Para él, quedar tan cerca del título solo refuerza la necesidad de evolucionar como piloto y como equipo, especialmente teniendo enfrente a una referencia directa como su hermano Marc.
El análisis interno del curso 2025 ha sido profundo. Márquez identifica circuitos concretos donde todavía arrastran debilidades, sobre todo en trazados con fuertes frenadas. El objetivo inmediato pasa por mejorar el tacto delantero y el feeling en las manos, un aspecto que considera clave para no volver a sufrir; «Necesitamos mejorar en pistas como Motegi, Austria o Hungría«. El trabajo en pretemporada se ha orientado precisamente a corregir esas carencias estructurales.
El valor de la moto oficial
La gran novedad deportiva es la Ducati GP26 oficial, una herramienta que interpreta como un salto cualitativo pero también psicológico. Más allá del rendimiento puro, insiste en la tranquilidad que aporta saber que la evolución técnica llegará durante la temporada. “Ser piloto oficial es una motivación extra. Con una moto oficial sabes que tendrás soluciones y mejoras durante el año, y eso te da serenidad”, afirma.
Para Márquez, disponer de material de fábrica no es un lujo circunstancial sino una condición casi imprescindible en el contexto actual. Con Honda, KTM y Yamaha empujando fuerte en desarrollo antes del cambio reglamentario, entiende que 2026 será un campeonato especialmente exigente. “La moto oficial es siempre necesaria, pero quizás este año lo sea todavía más”, admite, anticipando una parrilla más comprimida.
2027, año decisivo
Aunque todavía falta más de una temporada, el piloto reconoce que el mercado de 2027 ya condiciona conversaciones y estrategias. El nuevo reglamento técnico abre un escenario imprevisible en el que nadie puede garantizar qué fabricante tendrá la referencia. Precisamente por eso ve ese momento como la gran ventana para asumir riesgos deportivos.
“Si hay un año para arriesgar, será 2027, porque nadie sabe cómo quedarán los equilibrios”, explica. Su prioridad sigue siendo llegar a un equipo factory, pero evita plantearlo como una ruptura con Gresini. Reitera que se siente cómodo en la estructura italiana y que su decisión futura dependerá de tener todas las opciones reales sobre la mesa. “La ambición es siempre un equipo oficial, pero en Gresini soy muy feliz. Cuando tenga todas las opciones, elegiré la mejor para mi futuro”.
¿Te SUSCRIBES GRATIS a Motosan.es en la campana 🔔? ¡SIGUE HACIA ABAJO para ver las ÚLTIMAS NOTICIAS!