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Yamaha YZR 500cc ’91 de Wayne Rainey, el equilibrio

7 May. 22 | 18:30
Yamaha YZR 500cc Rainey
Foto Yamaha

Yamaha siempre ha seguido una filosofía diferente a su gran rival en la competición, Honda. Sus motos suelen destacar en su facilidad de manejo, fiabilidad y en dejar en manos del piloto el resto.

Nos situamos ante esta joya del Mundial de 500cc, la Yamaha YZR 500cc, con la que Wayne Rainey conseguiría su segundo título de forma consecutiva. Durante la temporada de 1991 tuvo que enfrentarse a rivales como Doohan (Honda), Schwantz (Suzuki), Lawson (Cagiva) y hasta con su compañero de equipo, John Kocinski, para dejar bien claro quien era el número 1 en el equipo de Kenny Roberts.

La llegada de la electrónica y el peso mínimo

Pese a que los modelos aquella temporada permanecían bastante constantes respecto a temporadas anteriores, los tiempos de vuelta bajaron más de un segundo por vuelta en la mayoría de los circuitos. La electrónica empezaba a avanzar en aquellas motos de 2 tiempos, algo que aunque sorprenda, no llegó en MotoGP sino a principios de la década de los ’90.

Esta temporada la Yamaha YZR 500cc de Rainey incorporaba un surtidor controlado electrónicamente, que dependía del cambio de marchas. Así se suministraba una cantidad adicional de gasolina al subir marchas para mejorar la aceleración. Algo que fue vital en sus enfrentamientos contra Honda, con mayor velocidad punta o Suzuki, que destacaba en las apuradas de frenada.

Otro detalle técnico clave fue el aumento del peso mínimo a partir de esta temporada, donde una 500cc debería llegar al menos hasta los 130 kilogramos. La idea era buscar más solidez en la relación peso/caballería, aunque eso dificultaba la agilidad de la moto, algo de lo que Kevin Schwantz se quejó con amargura, llegando a probar hasta cuatro chasis distintos aquel año para buscar soluciones.

Los neumáticos y los rivales de Rainey

El año también estuvo marcado por los neumáticos. En condiciones extremas los Dunlop, que llevaba la Yamaha YZR se mostraban más efectivos que los Michelin que llevaban las Honda NSR 500cc. A Rainey le tocó un neumático defectuoso en Misano que marcó la primera parte del campeonato, hasta que llegase la caída de Doohan en aquella mítica carrera de Assen.

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Rainey
Foto Yamaha

Con el dorsal 1 en el frontal de su Yamaha, Rainey sabía que tendría duros rivales para repetir la corona. Aunque desde la pretemporada, viendo como el aumento de peso perjudicaba a las Suzuki, Wayne miraba al box de Honda como sus máximos rivales y estaba en lo cierto. Doohan plantaría cara hasta la penúltima carrera, aunque si algo se recuerda de aquel 1991 son los enormes duelos vividos, en especial contra Kevin Schwantz.

La parte técnica de la Yamaha YZR

Yamaha ya había desarrollado hace años el esquema básico de lo que eran las 500cc en 1991: los cuatro cilindros en V. Para ese año mantenían la receta que les había hecho recuperar la corona en 1990 para romper una regla. Desde 1983 hasta 1989 Honda y Yamaha se habían ido alternando títulos cada año, hasta que por fin en 1991 la marca de los diapasones rompía la racha a favor.

La estructura básica se mantenía, con el motor de dos cigüeñales con una batería de cuatro carburadores en un sólo cuerpo situada en el centro de la V, con la entrada de aire hacia delante. Mantenían el avanzado chasis Deltabox con basculante muy largo para hacer más lineales los desplazamientos de la rueda y con el lado derecho curvado para hacer sitio a los escapes.

La política A y B

Tal y como también ocurría con los neumáticos, Yamaha tenía dos versiones diferentes de YZR 500cc. Las «A» con la tecnología más puntera, que iría a manos de Rainey y Kocinski, dentro del Team Roberts. Incorporaban novedades como la suspensión semiactiva desarrollada junto con Ohlins y los surtidores de control electrónico anteriormente mencionados, que afectaban al cambio.

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Rainey
Foto motogp.com

Este desarrollo de la electrónica junto al motor hacía que la Yamaha, aparte de ser la más ágil y con un gran paso por curva, algo marca de la casa, tenía mejor aceleración en las primeras marchas de una forma más controlable que sus rivales, Honda o Suzuki. El Team Roberts, estaba a la cabeza en el avance tecnológico entonces, siendo los primeros en utilizar sistemas de toma de datos.

Rainey hizo el resto

Si le das una gran moto a un gran piloto, hay muchas opciones de que esa fórmula lleve al éxito. De hecho en 1991 conseguiría el segundo de sus tres títulos de 500cc consecutivos. Aunque el camino fue más complicado que en 1990. Todo empezó en una espectacular carrera en Suzuka, con lucha en grupo hasta el final donde Rainey aseguró el tercer lugar tras sus dos grandes rivales, Schwantz y Doohan.

En casa del australiano, segunda cita, Rainey se haría con la primera de sus seis victorias de aquel año. Repetiría éxito en Laguna Seca, el jardín de su casa, donde además «bajó los humos» de su compañero, el impetuoso John Kocinski. Entonces llegaron los problemas de neumáticos. En Jerez encabezó la prueba hasta que bajaron de rendimiento y se vio relegado al tercer peldaño.

En Misano fue aún peor. Mientras lideraba el Gran Premio tuvo que entrar a boxes por un Dunlop defectuoso. Pese a todo, volvió a pista tras cambiar el neumático y pudo remontar hasta la novena plaza. La siguiente fue mítica, Hockenheim, y su duelo contra Schwantz hasta el final en la que el Texano frenó en el «Motodrom» cuando vio a Dios.

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Rainey Schwantz
Foto motogp.com

Después otro segundo lugar en Salzburgring tras Doohan, hasta que volvió a ganar en Jarama bajo unas altísimas temperaturas. El circuito madrileño había sustituido el Gran Premio de Yugoslavia por el Gran Premio de Europa y en este caso los Dunlop se adaptaron mejor frente a los Michelin. Los neumáticos, esa gran variable que ahora influye mucho menos en el resultado de MotoGP que antes. Así llegamos a Assen, otra de esas carreras legendarias de aquel ’91 en la que interrumpida por la lluvia, Doohan, Schwantz y Rainey se jugaban la victoria, el honor y el campeonato.

Doohan caía en la rápida de izquierdas antes de la «chicane», dilapidando muchas opciones al título. La cosa quedaba entre Rainey y Schwantz. «Mr. Perfect» encabezaba y estaba haciendo la vuelta más impresionante jamás vista en Assen en toda la historia, pero se equivocó en la última curva, entregando el triunfo a Schwantz que venía detrás también al límite.

Esta es la vuelta que Wayne quisiera borrar de su carrera deportiva, según una vez contó. El error que más le dolió en toda su carrera deportiva. Su gran rival, Schwantz, estableció entonces un récord de vuelta que ni las MotoGP pudieron superar, antes de la remodelación que destrozó el trazado de la Catedral del motociclismo.

Desde entonces Rainey controló a Doohan, ganando en Paul Ricard, Mugello y Brno. De nuevo vivimos otro memorable duelo con Schwantz en Donington Park donde el #34 le derrotó con un imposible «por fuera» en apurada de frenada. Matemáticamente, y gracias a que en aquella temporada se podían eliminar los dos peores resultados, Rainey conseguía la corona en Le Mans a falta de una carrera para el final… ¡Qué moto y qué piloto!

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