
Hay veces en las que una moto (o scooter) te gusta desde el primer momento… pero sabes que hay margen de mejora
Y eso es exactamente lo que ocurre con la Zontes 368G: un modelo que sorprende por equipamiento y motor, pero que, como ya vimos en nuestras pruebas, deja cierto margen en el apartado de suspensiones, sobre todo cuando subimos el ritmo.
Así que la pregunta era clara: ¿Qué pasa si le montamos una suspensión trasera de nivel superior como la YSS G-Modix?

Spoiler: pasan cosas.
Más aplomo, más control… y más moto
Lo primero que notas al salir con la 368G equipada con los G-Modix es que todo sucede con más orden. Donde antes había cierto movimiento en el tren trasero, ahora aparece una sensación de bloque sólido, de un conjunto bien sujeto.
No es una percepción subjetiva sin más: el trabajo hidráulico es claramente más fino. La moto lee mejor el asfalto y transmite más información, algo que se traduce en confianza desde los primeros metros.
En curvas rápidas, la diferencia es todavía más evidente. La 368G mantiene mejor la trayectoria, reduce movimientos residuales y permite enlazar con una naturalidad que antes no tenía. En otras palabras: te deja ir más rápido… sin darte cuenta.

Cuando la carretera se complica
Si hay un terreno donde este cambio cobra sentido es en carreteras de montaña. Ahí, donde los cambios de apoyo son constantes, la YSS saca músculo:
- Mejor control del rebote
- Menos efecto “flaneo”
- Más precisión en cambios de dirección
La parte trasera se siente más conectada al suelo, más “moto” que “scooter”. Y eso, en un modelo crossover como la 368G, tiene todo el sentido del mundo.
Regulaciones: aquí está la clave
Otro de los puntos fuertes del conjunto es su nivel de ajuste. No hablamos de un simple amortiguador más duro, sino de un componente con:
- Precarga hidráulica
- Regulación de rebote
- Ajuste de compresión

Esto permite adaptar la moto a prácticamente cualquier escenario: desde uso diario hasta rutas con pasajero o conducción más deportiva. Y aquí está el detalle importante: bien ajustada, la mejora es brutal; mal ajustada, puedes arruinar el resultado.
¿Y el confort?
No todo son ventajas, y aquí viene el matiz importante. La 368G de serie ya tiraba a firme en ciertos escenarios urbanos, y con la YSS eso se acentúa. Los baches más secos se notan más, especialmente en ciudad o asfalto roto. Ahora bien, no es una incomodidad molesta, sino más bien un cambio de carácter: pierdes algo de suavidad, pero ganas mucha precisión.
El efecto colateral: pide más delante
Curiosamente, al mejorar tanto la parte trasera, la horquilla delantera pasa a estar en el punto de mira. Porque sí, el conjunto gana equilibrio… pero también deja en evidencia que el tren delantero puede quedarse algo blando si empezamos a exigir. No es obligatorio tocarla, pero sí recomendable si quieres un conjunto realmente redondo.

Conclusión: de buen scooter a conjunto serio
La Zontes 368G ya es, de por sí, una propuesta muy completa dentro del segmento crossover, con un motor potente y un equipamiento difícil de igualar. Pero con la YSS G-Modix da un paso más allá. No convierte el scooter en una deportiva, pero sí consigue algo más interesante: lo hace más preciso, más estable y más coherente cuando subes el ritmo.
¿Merece la pena? Depende de ti.
- Si buscas confort y uso tranquilo → probablemente no
- Si te gusta conducir, enlazar curvas y exprimir la parte ciclo → absolutamente sí
Porque hay mejoras que se notan… y luego están las que te hacen redescubrir la moto. Esta es de las segundas.
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