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Cómo salir sano y salvo de una rotonda

4 Nov. 19 | 16:00
Una moto circula por una rotonda
Foto: I.A.
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Ibon Arbaiza Autor
«Si hubiera tenido que enfrentarme en la pista a los mismos obstáculos que tú en la carretera, probablemente estaría muerto.» MICK DOOHAN.
Editor de Motosan.es – Life is Racing
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Cualquier intersección supone un riesgo para tu seguridad. Si se trata de una rotonda y además vas en moto, más te vale saber dónde te estás metiendo y cómo salir.

La rotonda o glorieta es un gran invento que permite que el tráfico entre varias vías se autorregule, sin necesidad de utilizar semáforos, y por lo general, sin que los vehículos deban detenerse del todo al mejorar la visibilidad de los que circulan por ella gracias a su diseño circular. Sin embargo, aunque reducen el riesgo que existiría en una intersección al uso de tres o más calles o carreteras, las rotondas no están exentas de peligro, y de hecho, es posible que si no has sido tú, conozcas a alguien que haya sufrido un accidente de tráfico en una de ellas. Y si algo supone un riesgo para cualquier vehículo, en moto las cosas siempre pintan peor.

La preferencia de paso, crucial en una rotonda

La clave es cómo se establece la preferencia en las rotondas. En realidad, no difiere de lo que generalmente ocurre en cualquier otro cruce, y es que el vehículo que ya circula por una vía tiene preferencia de paso. Y como siempre, también el que lo haga por la derecha de otro. Esto significa que al incorporarnos a una rotonda, debemos dejar que pase primero cualquiera que ya esté en su interior, y que para abandonarla, hay que hacerlo por el carril exterior, el de la derecha.

Pues bien, lo que parece tan sencillo, no debe de serlo. Diferentes estamentos y autoridades, profesores de autoescuela, formadores viales y demás voluntarios se desgañitan intentando que estas simples instrucciones calen en el pueblo llano motorizado. Es inútil. Fíjate unos minutos en cualquier rotonda de tu entorno. Es un absoluto desastre, y poco pasa para lo que podría.

Trucos para salir intacto de una rotonda

Desde el punto de vista de un motorista, como usuario vulnerable y víctima potencial de los errores de otros y los tuyos propios, debes poner el foco en varios sitios. De entrada, olvidándonos del resto de vehículos, debes tener en cuenta que las rotondas siempre están en curva, una situación que puede agravarse ante la no tan extraña presencia de gravilla, aceite u otros materiales vertidos por otros vehículos, marcas viales como flechas o líneas de pintura sin tratamiento antideslizante, acompañados de un contraperalte que facilita el desalojo del agua de lluvia, elemento que ya de por sí empeora todo lo anterior.

Si además metemos vehículos las cosas se complican. Las rotondas tienen un problema grave, y es que cuando tienen dos o más carriles, su diseño y las normas de preferencia crean puntos de conflicto. Por ejemplo, si no se debe abandonar una rotonda desde el interior, ¿por qué se puede? ¿Por qué hay más de un carril en la salida?

Por otro lado, una rotonda permite tomar decisiones a los conductores hasta el último momento. Desde el punto de vista de una conducción defensiva o predictiva (fundamental para cualquier motorista que quiera llegar a viejo), esto complica mucho saber qué va a hacer otro vehículo. Por ese motivo es importantísimo utilizar los intermitentes, no sólo el derecho para salir de la rotonda, el único caso teóricamente obligatorio, sino también el izquierdo cuando queramos seguir girando por ella.

La picaresca de las rotondas

Y es que aunque muchos conductores aún no se hayan enterado, el que va por fuera, pegado a la derecha, tiene prioridad para no abandonar por la siguiente salida y seguir dando la vuelta a la glorieta. Quizás no sepas que hay personas que se dedican a provocar accidentes en rotondas y sablear a la aseguradora del contrario.

El gancho, con toda la familia abordo del coche y circulando correctamente, busca una víctima, un coche con prisas o despistado que salga de la rotonda por donde no debe, cortando desde el exterior. Después de provocar el accidente, salen todos con dolor cervical y lesiones de todo tipo. Lo curioso es que tienen las de ganar, porque su coche era el que circulaba correctamente. Muy ocurrente, ¿verdad? Sólo les pillan cuando confiados por la facilidad de la operación, repetirla varias veces levanta las alarmas.

¿Entonces qué hago en mi moto?

No hace falta que te topes con estos estafadores, cualquiera te la puede liar. Para ir seguro en moto debes conducir siempre a la defensiva, protegiendo tu Círculo de Vida, lo que significa que tienes que ser inteligente y tener las ideas claras mientras esperas las peores maniobras por parte de los demás. Es decir, que antes de entrar en una rotonda ya has de saber hacia dónde irás. Piensa, planifica y ejecuta, en ese orden. Y señaliza tus intenciones.

Los cambios de carril dentro de la rotonda están permitidos. Si vas a dejar la rotonda, colócate en el exterior después de la salida anterior y nadie te cortará la trayectoria por tu derecha. Y si vas a seguir girando, coge el carril interior para que ningún vehículo te golpee cuando salga de la rotonda cortándote tu carril. Fácil: si vas a seguir, interior. Si vas a salir, exterior.

En una rotonda con mucho tráfico es más difícil cambiar de carril cuando ya estás dentro, pero puedes anticipar la maniobra y buscar la mejor ubicación antes de meterte en ella. De todas formas sólo tendrás que hacer dos maniobras como mucho, no te estoy sugiriendo que ‘zigzaguees’ por las rotondas como si estuvieras limpiando la parafina de unos neumáticos nuevos… Te recomiendo ocupar de antemano el carril que necesites y así evitar los problemas, olvidándote de lo que puedan hacer otros a tu alrededor. Es decir, si vas a abandonarla en la primera salida, entra en ella por el carril derecho. Si lo harás por otra, entra por el carril izquierdo y ya te cambiarás a la derecha dentro de la rotonda, justo antes de dejarla.

Sé inteligente, anticípate

Piensa. Piensa antes de meterte en una rotonda. Ante la duda sobre qué harán los demás, modifica tu velocidad para quitarte del presumible punto de impacto. ¿Parará? ¿Se cambiará de carril? Que te dé igual. Aunque tengas razón, es decir, prioridad, déjale pasar. Vas a perder dos segundos y vas a ganarlo todo. Y recuerda, si tienes que dar una vuelta completa a la rotonda, no pasa nada. Puedes hacerlo.

Poco a poco están apareciendo otras variaciones como las turbo-rotondas o rotondas inteligentes, que lo único que hacen es forzar a tomar las decisiones antes de acceder a ellas y evitar cambios de carril y decisiones en el último instante mediante el uso de líneas continuas. Si te fijas, lo que hacen es obligarte a hacer lo que te he recomendado, decidir antes y evitar puntos con riesgo de colisión. Pero mientras las rotondas sean tontas, la inteligencia deberás ponerla tú.

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