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Marc Márquez: «No sé si este será mi último Mundial»

17 Abr. 26 | 10:11
Foto: RRSS @marcmarquez93

El piloto de MotoGP reflexiona sobre sus lesiones, la toma de decisiones clave y el cambio de mentalidad que ha redefinido su carrera y su vida fuera de la pista.

La historia deportiva de Marc Márquez siempre se ha contado desde la épica: talento precoz, agresividad sin cálculo y una capacidad casi anómala para asumir riesgos. Sin embargo, sus últimas declaraciones en el canal de YouTube de Tengounplanpodcast con Imagin dibujan un relato mucho más complejo, menos lineal y más humano. Un recorrido donde la competición sigue siendo el eje central, pero donde la salud, la duda y la toma de decisiones han reconfigurado por completo su forma de entender el deporte y la vida.

Márquez empieza desmontando una idea habitual sobre su perfil como piloto. Su motivación no es simplemente correr, sino competir al límite por la victoria: “Yo no tengo adicción a ir en moto, sino tengo adicción a la competición, a ganar. Evidentemente, cuando ganas es cuando te sientes recompensado, porque hay todo un esfuerzo detrás. No es solo llegar y ir en moto, sino que hay una preparación detrás.”

Esa diferenciación marca toda su filosofía. El piloto insiste en que el valor no está en rodar, sino en el contexto competitivo que rodea cada fin de semana. Por eso, los test pierden sentido emocional para él: “En los test me aburría. O sea, en los test incluso tenía caídas por falta de concentración. Un fin de semana de competición es diferente, es más intenso, puedes estar contento o no contento, pero tienes incluso más ganas de llegar a la siguiente.”

El punto de ruptura: cuando todo se cuestiona

Pero ese modelo de vida, sostenido durante años, se fractura tras un ciclo de lesiones que lo cambia todo. Márquez reconoce que hubo un momento en el que el propio sentido de continuar dejó de ser evidente: “Es uno de los pocos momentos, o pocas épocas, quizá la única, que te lo replanteas: ¿tiene sentido seguir o no? ¿Tiene sentido el sufrimiento o no?

A partir de 2020, su relación con el deporte cambia de raíz. Ya no es una entrega absoluta sin matices, sino una visión más amplia de la vida: “Yo antes siempre decía una frase, mi cuerpo está hecho para la moto, me da igual, lo doy todo. Y me he dado cuenta de que la moto es importante, pero que la vida sigue, que hay muchas más cosas y que tu carrera deportiva será una parte de tu vida.”

Ese cambio de perspectiva se apoya en una idea clave: la interdependencia entre lo profesional y lo personal. “Cuando tu profesión te afecta directamente a tu vida personal, si te va bien profesionalmente estás contento, y si te va mal profesionalmente te cuesta más.”

2022: el límite físico y mental

El punto más crítico llega en 2022, un año que él mismo describe con precisión quirúrgica. El dolor físico, la inestabilidad y los problemas de visión marcan una etapa límite: “Marzo del 22… dolor en el brazo, no salían las cosas. Me caigo en Indonesia, golpe en la cabeza, visión doble.”

El impacto no era únicamente deportivo, sino funcional en el día a día: “No podías conducir coche, no eras autónomo. Eras dependiente de algo todo el día, no podías hacer vida normal.Incluso tareas básicas se convertían en un esfuerzo: “Yo no podía levantar una bolsa de la compra y ponerla encima de la mesa.” Ese contexto obliga a una reflexión más profunda sobre la continuidad: “Dije: tenemos que parar porque al final me voy a hacer daño de verdad.”

La decisión: salir del confort

En ese punto, el piloto se enfrenta a una disyuntiva estructural: seguir en un entorno conocido o arriesgarlo todo por recuperar competitividad.Este año fue el año de las decisiones. Buscamos un camino, salimos de nuestra zona de confort o seguimos con el riesgo de quemarse.”

La elección implica un cambio radical tras una década en el mismo entorno: “A mí lo que más me frenaba era el corazón, llevar diez años con Honda, con los mismos mecánicos, la misma gente.”

Pero el componente competitivo termina imponiéndose sobre el emocional: “Decidimos salir de la zona de confort… priorizar lo que deportivamente crees que es lo mejor.” Y lo resume con una frase que define el salto de etapa: “Darme la moto que gana, quiero ver de lo que soy capaz.”

Dudas, adaptación y redefinición del 100%

La transición no elimina las dudas. Al contrario, las hace más evidentes. Márquez admite abiertamente su incertidumbre tras la lesión: “Dudaba de si podía ir rápido otra vez. Yo sé que no tengo el brazo como lo tenía.

Eso le obliga a cambiar su enfoque de trabajo mental y físico: “No comparar mi lado izquierdo con mi lado derecho, simplemente sacar el 100% de cada uno.” Y esa redefinición del rendimiento también afecta a la percepción del propio límite:Después de una lesión, tu 100% baja, pero no sabes cuánto baja. A lo mejor un 3, un 10 o un 20 por ciento, pero no lo sabes.”

La mentalidad del campeón: talento, trabajo y control del riesgo

En su análisis del alto rendimiento, Márquez desmonta el mito del talento como único factor determinante: Solo con talento no se llega a ningún sitio. Puedes llegar a categorías de promoción, pero en Moto2 ya se ve si trabajas o no.” La ecuación final es más compleja: “Talento, trabajo y entorno… o no llegas.”

Y añade un matiz clave sobre el comportamiento en pista, que define su estilo: “No gana el que está más loco, sino el que emplea mejor la locura. Tienes que tener un punto de locura, pero bien gestionado.”

El miedo en los circuitos y la memoria del dolor

Uno de los efectos más duraderos de las lesiones es la memoria del riesgo. Márquez lo explica con claridad: Una curva donde te has caído… el primer entreno te cuesta pasar con confianza. Pero luego te vas soltando y entras en modo concentración.”

El circuito deja de ser neutro emocionalmente. Cada escenario tiene su carga: “Hay circuitos con buena vibra, otros con mala vibra. Y otros neutros, donde necesitas volver a construir confianza.”

Álex Márquez: apoyo, rivalidad y equilibrio

En ese proceso, la figura de Álex Márquez adquiere un papel central, tanto personal como profesional: “Es mi hermano, mi mejor amigo, mi mejor compañero de trabajo. Hemos compartido un año impresionante, histórico.”

Más allá de la competición, su apoyo ha sido clave en momentos de dificultad: “Cuando estaba lesionado, me ayudó a no desconectar del mundo del motociclismo.” Y la relación entre ambos rompe la lógica habitual del deporte de élite: “Me alegro más muchas veces cuando gana él que cuando gano yo.”

Incluso en decisiones estratégicas: “Él me dijo: vente a Gresini y coge la Ducati.” Una dinámica basada en la confianza mutua y no en la rivalidad destructiva: “Nos ayudamos mutuamente sin saberlo, compartimos estrategias, neumáticos, todo porque nos alegramos el uno por el otro.”

El desgaste invisible: la exposición constante

Más allá del rendimiento, Márquez también pone el foco en un factor menos visible pero determinante: “Una de las cosas que más cansan es la exposición mediática. No te puedes tirar un pedo que sale por todas partes.” El ruido constante, las cámaras y la presión mediática se convierten en parte del desgaste acumulado de una carrera de élite.

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Aunque sigue en activo, Márquez es consciente de que el final llegará antes de lo que dicta su mentalidad: “Voy a acabar antes mi carrera deportiva por mi cuerpo que por mi mentalidad. Yo lo voy a alargar hasta que mi cuerpo aguante. No sé si este será mi último Mundial.»

Y normaliza el declive competitivo con naturalidad: “No vas a entrar igual en una curva a los 20 que a los 35. Es algo natural que el compañero de equipo te gane algún día.”

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