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Valentino Rossi: «Conseguí que me confiscaran dos vehículos en un solo día; me lo quitaron porque iba sin casco, intenté escapar…»

15 Abr. 26 | 10:00
Valentino Rossi
Foto: RRSS Valentino Rossi

Valentino Rossi: de las “sportellate” en Ape a prepararse en simulador para Monza

Hablar de Valentino Rossi es hablar de leyenda, pero también de una vida llena de anécdotas que explican su carácter competitivo y su forma única de entender el motor. Desde sus años de adolescencia en Italia hasta su actual etapa en la resistencia, el italiano sigue demostrando que la pasión por correr no entiende de edades.

La Ape, el origen de todo

El periodo de mi vida era bonito, tenía más o menos 15-16 años y iba a la escuela en Pesaro”, recuerda Rossi en el podcast Tintoria, en la fábrica del Vapore de Milán. En aquella época vivía en Montecchio con su madre y el trayecto diario no era sencillo: “Debería haber cogido el tranvía, pero daba más vuelta y tenía que salir 20-25 minutos antes, así que nunca llegaba a tiempo y tenía que ir en moto”.

El problema llegaba en invierno: frío, lluvia y trayectos incómodos. Fue entonces cuando su padre, Graziano Rossi, le propuso una solución peculiar: “¿Por qué no compramos un Ape? Así vas cerrado”. Lo que en aquel momento era un vehículo asociado a personas mayores terminó convirtiéndose en una revolución juvenil: “En nuestra zona el Ape era para gente mayor, para ir al huerto. No era un vehículo de jóvenes. Pero decidí hacer caso a Graziano y a partir de ahí se convirtió en un medio para jóvenes, porque todos mis amigos se lo compraron”. Más allá del destino, lo importante era el camino: “Lo bonito no era tanto a dónde ibas, sino el viaje. Incluso para ir a Rimini a jugar a los bolos… el trayecto ya era una aventura, como Indiana Jones”.

Las míticas “sportellate”

Aquellas Ape, muchas de ellas antiguas —la suya era del 79, como su año de nacimiento—, daban pie a un tipo de diversión muy particular: “Eran de chapa, así que podíamos darnos ‘sportellate’”. Las quedadas con amigos tenían su propio código: “En la pausa entre la mañana y la tarde nos encontrábamos en un sitio. El que aparcaba primero… los demás le aparcaban encima chocando contra él. Nos divertíamos así”. Una forma de entender el motor desde la diversión, el contacto y la competición incluso antes de pisar un circuito profesional.

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Persecuciones y castigos: el día que lo perdió todo

Pero no todo eran risas. Rossi también protagonizó episodios más complicados con las autoridades: “Conseguí que me confiscaran dos vehículos en un solo día”. Primero fue el scooter: “Me lo quitaron porque iba sin casco. Intenté escapar, me llamaron a casa y me dijeron: ‘El lunes tráenos el motorino’. Tenía un Zip verde, se notaba que era yo”.

La historia no terminó ahí. Esa misma noche, tras ir a Rimini a jugar a los bolos, volvieron a las andadas: “Íbamos haciendo sportellate y llegaron los carabinieri. Nos persiguieron, nos pararon en una gasolinera con un barecito y nos dijeron: ‘¿Qué coño hacéis?’”.

El resultado fue contundente: “Nos retiraron las dos Ape y nos dejaron allí a pie”. La reacción en casa no se hizo esperar: “Cuando mi padre se enteró de que me habían quitado el scooter y el Ape el mismo día, se enfadó bastante. Además, me quedé sin nada”.

Del caos adolescente a la disciplina profesional

Años después, la vida de Rossi ha cambiado radicalmente, aunque la esencia sigue intacta. Hoy, antes de afrontar un test en circuito, su rutina es mucho más metódica: “Esta mañana me he despertado, he entrenado y he dado vueltas en el simulador en casa porque mañana tengo un test en Monza”. El simulador es una herramienta clave: “Antes de los test suelo hacer unas cincuenta vueltas para recordar la pista”.

Lejos de ser un simple videojuego, el nivel es altísimo: “Es un videojuego, sí, pero de altísimo nivel. Es americano y se llama iRacing. Se juega en ordenador, no en consola”. La fidelidad es total: “El volante es como el de mi coche de carreras. Lo puedes quitar del coche y ponerlo en el simulador. Es el mismo, con todos los botones, así puedes entrenar”. Incluso online mantiene el anonimato: “A veces juego con desconocidos. Es divertido porque soy ‘Valentino Rossi 2’, no Valentino Rossi, porque ese nombre ya está cogido. Así que mucha gente no sabe que soy yo”.

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El reto extremo: las 24 horas

En su etapa actual, Rossi compite en carreras de resistencia, una disciplina completamente distinta a MotoGP: “Corremos con un coche entre tres pilotos, haciendo relevos”. La exigencia física y mental es brutal: “Te subes al coche, adrenalina, empujas, haces una o dos horas… bajas agotado, con las piernas doloridas, miras el reloj y quedan 19 horas y 37 minutos”.

La clave está en la recuperación: “Cuando bajas, te quitas todo, te duchas, habitación a oscuras, tapones y a la cama. Si te duermes bien, si no, al menos descansas”. El peor momento llega en la madrugada: “Cuando bajas a la una y media y a las seis tienes que volver a conducir, no sabes ni dónde estás y piensas: ‘¿Quién me mandaría hacer esto?’”.

De las “sportellate” con una Ape por diversión a enfrentarse a pruebas de resistencia extremas, la historia de Valentino Rossi demuestra que el espíritu competitivo no se entrena: se lleva dentro desde el principio.

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