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Diario de confinamiento motero

18 Abr. 20 | 22:00
Foto Clay Banks
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“Es un placer correr con un equipo que prepara las motos a conciencia“ Víctor Palomo
Editor de Motosan.es – Life is Racing
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‏Día 34 de confinamiento. Como todas las mañanas, me levanto sin saber a qué día de la semana estamos. Uno ya no sabe si es miércoles o domingo. También dejé de ponerme el despertador.

Mejor que sea la madre naturaleza la que decida cuando me tengo que despertar.  Y una vez despierto, trato de que mis rutinas sean lo mas diversas posible. Pero es complicado. El confinamiento de un motero no tiene por qué ser diferente, porque todos echamos de menos alguna actividad. Pero si la moto, además de tu vida, es tu medio de trabajo, el confinamiento se hace aún más cuesta arriba.

Aún así, hay cosas que me martillean todos los días: salir a dar una vuelta en moto, la ausencia de competiciones y la casi desaparición de “información motera”. Cuando la afición y el trabajo es lo mismo… Es increíble lo que puedes llegar a echar de menos cosas que son casi rutinarias, pero con las que llevas enganchado toda una vida.

Días 1 al 7 del diario. Aún estamos enteros

La realidad virtual nos permite algunas cosas. Seguir disfrutando de la moto: entras en Facebook en los diferentes grupos, cuelgas fotos, ves fotos, recuerdas buenos momentos y charlas con tus compis de ruta. Y se hacen planes para cuando esto acabe. Muy bonito… durante unos días. Luego, cuando ya tomas conciencia de que todos esto no es nada real y sí virtual, te empiezas a cansar. Lo de hablar y recordar batallitas está bien, pero al final, lo que cuenta son los hechos. Acciones, no imágenes y palabras.

Y el hecho es que la moto está aparcada en el garaje, sin poder moverse. Es un “mal fario“, un símbolo: no sólo la moto, es toda la actividad del sector. El caso es al principio del confinamiento, bajaba todos los días al garaje a poner en marcha la moto unos minutos. Y no podía evitar pegar unos pocos acelerones para disfrutar del sonido del Akra (sin DB killer) que le había montado hace poco. Pero unos vecinos poco moteros me sugirieron que eso no era buena idea. Dejé de poner la moto en marcha… durante unos días. A los vecinos, tarde o temprano tendré que pedirles algún favorcillo. Y tampoco se trata de fastidiarles.

Los primeros días del confinamiento fueron los mejores porque lo cogimos con ganas de hacer algo positivo. Y aún no había llegado la escalada de fallecidos que nos ha espeluznado a todos. Nos enfrentábamos a algo nuevo y la perspectiva de no trabajar era ciertamente interesante y todos nos confinamos para pasar 15 días. Aunque bien pronto descubrimos que iba para largo. Pero había ánimo, fuerza y voluntad. La moto? Puede esperar, no hay problema. Basta con mantenerla activa.

Eso sí, hay que prepararse y empiezan las primeras e importantes decisiones: hay que tener siempre  una balda de la nevera llena de cerveza. Tuve que discutir un poco con mi mujer, pero era importante que siempre hubiese cerveza fría en la nevera. Importante? Importante para mí, claro, no para ella. Al final la discusión acabó como siempre “si quieres cerveza fría, la compras tú y la pones tú en la nevera“. Eso sí, fue un triunfo porque conseguí obtener el compromiso de que me cediera una balda. Y tenemos 2 neveras en casa.

Solventado lo más importante, pasamos a las carreras: por delante, las primeras de MotoGP,  de SBK, de MXGP y aunque sean un muermo, también de F1.  De entrada, íbamos a tener tiempo libre para ver entrenos, carreras y comentarlo profusamente en los foros o en redes sociales. Pero enseguida esa bonita perspectiva se vino abajo.  Según pasaban los días ya estaba claro que no iba a haber competición. Ninguna. Un confinamiento sin carreras es una tortura mayor, pero al final es lo que toca. Afortunadamente, también ha desaparecido de nuestras vidas la matraca que dan los futboleros. No hay bien que por mal no venga.

Apenas unas migajas del GP de Catar (sin MotoGP), el inicio de SBK donde Bautista no lució mucho con la nueva Honda o el buen debut de Jorge Prado en MXGP fue casi lo único que pudimos ver. Luego vinieron las dudas y finalmente el apagón de todas las competiciones. Pues que bien, de entrada te quedas sin trabajo, también sin moto y casi seguido, sin carreras. Muy mal hemos empezado.

confinamiento
Foto Florian Udrisard. Motos confinadas, también

Días 8 al 17 del diario. Hay que luchar contra la monotonía… y las neuras empiezan a salir.

A la segunda semana y para tratar de ocuparme en algo positivo,  decidí pulir la moto y darle una buena pasada de cera. La idea me surgió al ver la montaña de papel higiénico que había almacenado en la terraza. Es entonces cuando me dí cuenta de que ni con todas las gastroenteritis de mi vida iba a poder gastarlo. Reconozco que los primeros días me dejé llevar por la presión…

Bueno, también lo hice con las botellas de ron. Lo compré cubano, venezolano, dominicano y hasta de Albacete. Afortunadamente, esta compra compulsiva de ron se ha demostrado como una de las mejores ideas… pero me pasa como con el papel. Tengo que gastarlo para empezar a despejar la terraza.

Bueno, como os digo, la segunda semana fue la de pulir la moto. Haber visto Karate Kid me dio la pista para hacerlo correctamente, como Ralph Machio: dar cera, pulir cera, dar cera, pulir cera… y así sucesivamente por toda la moto: guardabarros, carenado, cúpula, tapas laterales, colín. Al final del proceso, la moto estaba mejor que nueva. Y yo hasta la gorra de dar y pulir. ¡Nunca mais!

Otra mañana, me armé de valor. Rompí el confinamiento y me fui a la gasolinera de al lado de casa: verificar presiones y hacer el lleno de gasolina era mi objetivo. Me sentí un delincuente, pero la salida en moto (500 metros, no más) del día 13 de confinamiento ha sido lo más emocionante que he hecho hasta el día de hoy. De paso, pasé por el kiosko (afortunadamente abiertos) para hacerme con un buen stock de revistas de motos. Todas  las que encontré. Ritual de una vez por semana. En la era digital, nunca ha habido tantas revistas de moto en casa. En la era analógica siempre las hubo, y muchas también. Y ya aprovechas y te subes alguna de náutica, de coches, de gastronomía y de tecnología. Que no falte lectura.

Afortunadamente, con el ruido del Akra no escuché los posibles insultos que algún “justiciero de terraza” me pudo lanzar. Mejor así.  Además no pasó nada.

Día 18 al 25. “Hasta los c*jon*s” del confinamiento. Hay que buscar revulsivos.

La tercera semana ya empieza a ser más larga. Ya se ha pasado la novedad. Y las malas noticias te pueden llevar al desánimo. Toca intensificar los entretenimientos. No pensar. Intenté leer Zen y el Mantenimiento de la moto. Insufrible, imposible leer más de 5 páginas seguidas. Buen libro pero muy intenso. Me ha pillado ya muy harto. Pero me quedé con el gusanillo del mantenimiento. Así que después de googlear un poco me bajé los PDF de mantenimiento de la moto: una youngtimmer en toda regla, la Yamaha R1 de 1999. Me los bajé en inglés, en alemán… hasta que acabé dando con el español. Y ahí los tengo los 3 en el ordenador.

Lo siguiente fue leerlos a conciencia. (el alemán sólo ver las fotos, son las de mejor calidad). Os juro que no lo había hecho nunca. Aprendí mucho de la moto… pero me quedé con las ganas de poder hacer algo. Cualquier operación exige desmontar mucho plástico. Así que un engrase de cadena y verificar nivel de aceite y refrigerante. Y nada más. Después de pulirlo no estaba dispuesto a volver a dar cera, pulir cera. Así que volví al principio. Arrancarla cada 3 o 4 días esta vez sin acelerones. Y sabiendo que las presiones estaban correctas.

Y que más puede hacer un motero en confinamiento, a parte de regular las reservas de ron? El otro día me preguntaban que me llevaría a una isla desierta. Mi respuesta está clara. Un buen wifi, para conectar el ordenador y el teléfono. Gracias a wifi tienes internet, claro, pero sobre todo, Netflix, Youtube (montón de carreras en archivo, películas, documentales fantásticos), Spotify (con el podscast Cambia el Mapa de Izasku y Ernest), MotoGP.com (con contenidos gratuitos…)  y todas las RRSS. Y Google Earth. No sabéis cuantas horas he pasado mirando techos de casas y piscinas, tratando de buscar algo… También tienes acceso a la prensa normal (o mejor dicho, anormal), pero leerla da mucho asco.

Foto youtube.com. Películas y documentales sobre Nieto, Pedrosa, Agostini, Lorenzo y otros. Los Informe Robinson de motos, películas fantasticas como el “El Caballo de hierro” o “Harley and the Davidsons“, carreras de motos y mucho más. Toda la historia de la moto está en youtube. Sólo hay que buscar un poco.

En todo caso, un montón de buen material para pasar más tiempo del recomendable frente a la pantalla. Y conectado al Smart TV de 50, se ve de maravilla. También entrar al trapo en las discusiones de los foros (bendito forocoches), Twitter, mirar las fotos de Instagram  y entrar en todos los grupos de motos de Facebook. Esto da para muchas horas al día. Demasiadas. Entre tanto ordenador y el ron, me levanto muchas mañanas con un buen dolor de cabeza. Eso me llevó a la farmacia y hacer acopio de paracetamol, no fuese a acabarse.

El otro día, en un arranque, creo que el día 24 del confinamiento, decidí sacar toda la ropa motera y revisarla. Y limpiar todo lo que había. Y me quedé impresionado: descubrí unos guantes de invierno que compré en el año 91 (me acuerdo, era cuando tenía la FZ 750) y que estaban completamente nuevos. Conté 7 chaquetas de cordura y 3 de cuero. ¡Que barbaridad!

Y además, 4 fajas, 7 pares de guantes de verano y 6 de invierno, 3 trajes de agua, 12 sotocascos y buff, 2 trajes completos de ropa térmica, 2 faldones de scooter y un casco jet de verano. Y la antigua bolsa de herramientas. Casi lloro al ver el alambre, los fusibles, la cinta aislante, la grasa de litio, el cable eléctrico, el Finilec y muchas más cosas, además de la herramienta, que había que llevar antes cuando salías de viaje con la moto.

Más de la mitad de las cosas pensaba que las había tirado. En fin, igual tenía razón mi mujer en la última mudanza cuando me dijo esto de “tira algo de ropa de moto, hay mucha” Mi respuesta, como no podía ser otra, fue un “si cari, te quiero mucho, lo haré”, pero obviamente y como os podéis imaginar, no tiré nada. Ni en la mudanza ni en el día 24 del confinamiento. Así es la vida.

Me hizo especial ilusión recuperar el casco jet. Y ver que tenía tanto stock de guantes de moto como de ron y de papel higiénico. Y ahora también, de paracetamol. 

Del 25 del diario hasta hoy. ¿Cuando veremos luz al final del túnel?

Ha pasado poco más de 1 mes, y lo que nos queda aún… la moto ya me importa menos. Sé que cuando baje al garaje estará lista para funcionar. Ahora importa la balanza. Del hashstag #YoMeQuedoEnCasa hemos pasado al #QuedateEnTuTalla. Así que bajé la báscula del trastero porque tantas horas en casa han pasado ya la factura de los kilos. Toca empezar a controlar y romper la curva ascendente del peso. No es tanto por la moto y sí por la talla de la ropa.

A estas alturas, todos los entretenimiento están más que agotados, así que igual alguna tablilla de ejercicios me empieza a venir bien.  Ya estoy harto de ver películas, de leer el Joe Bar Team y otros cómics, y de releer algunos libros que tenía olvidados.

Este confinamiento ha agotado mis recursos de entretenimiento motero. No más libros ni pelis temáticas.. ni de ningún tipo. Me aburre hasta conectarme a Netflix. Me he pasado tantas horas en el sofá de casa como en la mesa del ordenador. Muchas. Me duelen la espalda y el culo de tanto sofá y silla.

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Foto J.S. Las socorridas RRSS.

En esta última semana estoy dándole más caña a las redes sociales, de las que no soy heavy user, pero ya es mi último recurso. Hasta que me agote, aunque viendo la cantidad de chorradas, sinsentidos, mentiras y estupidez que circula por las redes sociales es difícil mantener el interés. Afortunadamente y como en casi todos los órdenes de la vida, sigue habiendo gente que merece la pena leer y seguir. Espero que se mantengan fuertes también.

Cuando el tema de las redes sociales se agote, sólo me quedará el ron. Si el confinamiento no va más allá de finales de abril, casi lo habré agotado (me he dejado el dominicano para el final) . Lo del papel es cuestión de tiempo. Pero lo que sí aseguro que se gastará de forma natural, no puliendo la moto. No más cera.

Seguimos en contacto.

PD. Mi agradecimiento a todo el mundo sanitario y de servicios por estar al pie del cañón. Gracias a ellos y a otros muchos, nuestro confinamiento es posible. Esperemos que todos podamos sacar lecciones positivas. Y un abrazo a todos los que han perdido algún familiar. Al final, la economía siempre se recupera, pero no el fallecimiento de los seres queridos. 

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