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Dolor y gloria: la historia de Viñales en Argentina

27 Mar. 19 | 17:00
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Foto: MotoGP
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Pablo G. Thuillier Contributor
«Cuando te acostumbras a la velocidad, las rectas se hacen largas y quieres más«. MV12
Editor de Motosan.es – Life is Racing
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Tal y como ocurre en la última película de Pedro Almodóvar, la historia de Maverick Viñales en Argentina contempla momentos de dolor, cuando ha rozado el podio pero ha acabado yéndose a la grava, y también gloria, como la victoria que encadenó junto a la primera de Qatar en su debut con Yamaha.

Desde que el circuito de Termas de Río Hondo entró en el calendario, en 2014, el trazado argentino le ha guardado momentos dulces y momentos amargos al piloto catalán. En su debut en Moto2 y después de conseguir su primera victoria en la categoría en la segunda carrera del calendario (el GP de las Américas se disputó antes que el de Argentina); llegó a Argentina con ganas de continuar su racha. Se clasificó cuarto y realizó una buena salida que le colocó tercero, con ritmo de luchar por la victoria. Pero aquel sabor dulce se volvió agrio a las pocas vueltas, porque una caída acabó con todas aspiraciones a repetir la hazaña de Austin. La película de Viñales se titulaba entonces como ‘Los abrazos rotos’.

En su segundo año en MotoGP, con Suzuki, volvió a luchar por el podio, soñando así con la deseada victoria de la marca. Pero de nuevo se topó con la mala suerte y se fue al suelo tras pisar una zona húmeda de la pista. Maverick protagonizaba esta vez una película distinta cuyo nombre era ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’.

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Foto: MotoGP

El año de su debut en Yamaha, viniendo de Qatar con una victoria, llegó a Argentina marcando un gran tiempo y ritmo en los libres del fin de semana. Sin embargo, se clasificó sexto. Pero eso no le impidió poner el resto y colocarse tercero en la primera vuelta de la carrera (para aquellos que olvidan que Viñales es capaz de hacer buenas salidas). Desde allí se hizo con la victoria, segunda con la marca de Yamaha. Aquel idilio con Yamaha era ‘la piel que habito’.

Las cosas con Yamaha empezaron a no salir tan bien y el año 2018 fue un año muy difícil. Incluso en un circuito que tan buenos resultados le había dado, no fue suficiente para su año entre tinieblas. ¿Será 2019 el año de volver a celebrar la victoria? Maverick afronta este año con otra mentalidad, con mucho trabajo y siendo consciente de que debe seguir trabajando y adaptar su estilo de pilotaje. Y sobre todo, es año de hablar con ella. Con su Yamaha. Y encontrar así la flor de su secreto.

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