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Marc Márquez: la máquina de las salvadas

22 Mar. 18 | 18:40
Foto: motogp.com

Marc Márquez es un piloto con suerte. Se ha caído muchas veces y en pocas se ha hecho daño. ¿O quizás no es suerte? El secreto del piloto de Cervera podría estar en algún lugar entre el entrenamiento, que lleva a rajatabla desde que tenía tan solo 11 años, y su naturaleza.

Veintisiete. Son las veces que Márquez se fue al suelo en 2017. Pero pudieron ser muchas más. El actual campeón del mundo se ha especializado en un arte que pocos dominan: las salvadas. Cuando cualquier piloto se sale de la trazada, pierde la rueda trasera o toca la rueda de una moto rival, el gran público da por hecha la caída. Pero en estos casos es cuando Marc Márquez saca lo mejor de sí y le regala a la afición sus movimientos más espectaculares.

Según explica el de Honda, las salvadas resultan de una ecuación con cinco factores: reflejos, tonificación muscular, expresividad, talento y “manos”. Las dos últimas vienen de serie, pero los extras se añaden a base de sacrificio y esfuerzo. Son los litros de sudor y kilogramos de músculo los que se combinan para engrasar la maquinaria de un Márquez que se funde con su moto para evitar acabar con los huesos en el asfalto.

Existe, además, otro factor extra que eleva la excelencia de esta máquina: la elasticidad. “Con mi preparador empecé a entrenar a los 11 años, centrándonos mucho en la elasticidad, que es lo que te permite, en caso de caídas cuando das vuelta en la grava, tener menos riesgo de lesión”, explica Márquez. Los objetivos son, por lo tanto, dos: no caerse y, si se cae, no lesionarse.

Las salvadas de Marc Márquez, marca de la casa

En las situaciones más extremas es cuando sale a la luz lo importante que es entrenar determinadas áreas del cuerpo humano. Cuando la moto está inclinada al máximo “se tira mucho de ingle”, según explica el piloto español, que añade que “con una pierna se empuja contra el suelo y con la otra, contra la moto”.Aunque parece que tienes que levantarte, tienes que empujar contra el suelo y eso, a veces, hace que te levantes”, asegura. Por este motivo, Márquez centra sus esfuerzos en ejercitar y tonificar áreas específicas como el tren superior, el abdomen y los abductores.

Al mismo tiempo, además, hace ejercicios que mejoran su equilibrio, otro de los elementos clave a la hora de subirse a la moto. Para ello utiliza el bosu, un aparato típico de los gimnasios compuesto de plástico y látex. La mayoría de la gente a penas puede sostenerse sobre uno de estos utensilios, pero Márquez utiliza tres. Coloca uno encima de otro, y se sube a la torre para aguantar encima al tiempo que sujeta peso.

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La combinación de este entrenamiento con lardos días de motocross hace que las distintas piezas se mantengan engrasadas. Hace que una máquina que ya era buena de fábrica siga mejorando su rendimiento. En tierra aprovecha para mejorar su “capacidad de reacción”, según comenta el piloto. Le ayuda que los circuitos de motocross sean cambiantes, ya que la superficie puede ser totalmente distinta al inicio del día y al final.

Hiperelasticidad: ¿el secreto de Márquez?

Sin embargo, no todo es entrenar. Hay factores que vienen de serie. En el caso de Marc Márquez, la ya mencionada elasticidad podría ser su mayor talento. Alguna vez le hemos visto tocarse la cara, estirando su piel hasta límites imposibles para la mayoría de los mortales. (Vídeo: @MuchapichaGP)

Esto se llama ‘hiperelasticidad’. Se trata de la capacidad de la piel para estirarse más allá de lo normal, volviendo luego a su estado inicial. Se genera por una producción anormal o exagerada de colágeno, la proteína que da elasticidad a los tejidos del cuerpo humano. Entre ellos están los huesos, cuya flexibilidad depende de la cantidad de colágeno que se encuentre en su composición.

Este podría ser el gran secreto de un Márquez que quizás no sea ni consciente de la condición que posee. Podría ser la razón por la que caerse 27 veces es menos peligroso para el de Cervera que para cualquier otro piloto. Más allá de los entrenamientos enfocados a salvar caídas y mejorar su flexibilidad, la capacidad que el piloto de Honda tiene para ‘doblarse’ sin hacerse daño podría venir de fábrica. Como si no hiciese falta añadir extras a un coche que ya es perfecto, como los mejores alimentos que no necesitan de cocción alguna para aguar el paladar más exquisito. Ese es Marc Márquez, un piloto que ya nació con la capacidad de asombrar pero no tiene límite.